"Una vez que la pantalla le confirma su reserva de esta temporada, el abuelo da las gracias al nieto por su ayuda, y acto seguido se dispone a planificar el viaje"

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José María Romera

Actualizado el 27/09/2024 a las 23:05

El pasado jueves por la mañana, la ciudad ofrecía un aspecto inusual. Podría decirse que el paisaje había rejuvenecido. El sector de población en edad escolar iba y venía despreocupado por parques y avenidas merced a la huelga docente, mientras el sector sénior permanecía en sus hogares ante el ordenador tratando de acceder al portal de viajes del Imserso. 

Las tendencias se invertían solo en dos casos: algunos pensionistas prefirieron salir de casa para hacer cola en las agencias, y algunos estudiantes se ofrecieron a ir a casa de sus abuelos para auxiliarles en la navegación siempre procelosa por las aguas de la burocracia digital. Así que el conflicto laboral en la enseñanza favoreció la cohesión intergeneracional. 

Y vino a confirmar que los viajes del Imserso siguen teniendo buena acogida, lo que en estos tiempos tan inestables nos devuelve la confianza en las instituciones y trae un soplo de esperanza a nuestra hostelería. 

No se olvide que el programa de viajes masivos subvencionados no solo tiene la finalidad de prestar un servicio a los mayores, sino también, y tal vez principalmente, el de mantener engrasada la maquinaria hostelera en temporada baja. 

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Son otros los nubarrones que ahora se ciernen sobre el programa, y tienen el nombre de corrientes de pensamiento: por un lado, la turismofobia en auge, y por otro un soterrado edadismo que apunta contra supuestos privilegios de las edades más avanzadas. 

Edadismo y turismofobia forman un combinado imbatible en términos de argumentación, sobre todo si esta se orienta en la dirección del resentimiento. Si nos ponemos filósofos, el único viaje que se le tolera sin reservas al viejo es el viaje definitivo. Los otros, los viajes de recreo, son concesiones hechas a regañadientes que pagan el tributo del tópico y la caricatura fácil. 

Viajes para viejos: nótese la aliteración, si hasta parece hecha para la burla. Por fortuna, la gente de edad ha desarrollado unas escamas por las que resbalan los prejuicios y las tonterías ajenas cuando se trata de su bienestar. Una vez que la pantalla le confirma su reserva de esta temporada, el abuelo da las gracias al nieto por su ayuda, y acto seguido se dispone a planificar el viaje y a ponerse el mundo por montera. Faltaría más.

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