"Parva hazaña, esa de ser los más vistos en la franja horaria en la que los cerebros ya están de retirada, próximos al estado vegetativo"

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José María Romera

Actualizado el 13/09/2024 a las 23:33

La gente de la tele habla de conquistar el liderato en el 'prime time' como si se tratara de hacerse con un oro olímpico. Parva hazaña, esa de ser los más vistos en la franja horaria en la que los cerebros ya están de retirada, próximos al estado vegetativo. 

Pero hemos caído tan bajo en nuestras exigencias de ocio que nos enzarzamos en la disputa entre dos animadores de vuelo corto con la misma entrega que pondríamos en un debate electoral. 

No sé qué fue antes, la farándula o la política. Pero sí creo, como muchos, que política y farándula han acabado por confundirse y forman hoy una estrecha unidad de destino. Por eso no me sorprende ver a los públicos de dos programas nocturnos de esparcimiento llevando sus diferencias al terreno de la polarización ideológica en boga.

 Se conoce que sintonizar lo de Broncano es combatir al fascismo, mientras que seguir a Motos es apostar por la libertad contra la dictadura sanchista. 

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Siempre ha habido frentes irreconciliables en la sociedad de espectadores, desde las trifulcas callejeras entre 'chorizos' y 'polacos' en el teatro madrileño del siglo XVIII hasta los hooligans futboleros de nuestros días. 

Al parecer, las preferencias en materia de diversión no solo activan los centros cerebrales del placer sino que excitan las zonas más tenebrosas donde anida el instinto de hostilidad. La novedad consiste en que esta pulsión bélica de origen estético se ha desplazado a la expresión política, donde resulta ser una marca de identidad, un factor de compromiso, una prueba de militancia. 

Estamos tontos, en efecto. 

Pero se veía venir desde que empezaron a proliferar formas de participación política que no requerían grandes dosis de formación, dedicación ni sacrificio. Bastaba con lanzar una crítica desde el anonimato de las redes sociales para sentirse un campeón de cualquier causa, o con hacer clic al pie de un manifiesto para creer estar haciendo la revolución desde el sofá. 

Ahora la militancia se ha abaratado aún más, de manera que se reduce elegir entre dos estilos de parodia televisiva, cada uno de los cuales ofrece al espectador la gratificación emocional de pertenecer al bando de los buenos. Broncanistas y motistas, todos luchadores. A la victoria por las palomitas.

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