“Kamarada” Kamala vs el “dictador” Trump

"Un buen espectáculo que según los analistas de primera hora ha sido favorable para Harris, pero que habrá que ver qué sucede de aquí a noviembre"

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Manuel Pulido

Publicado el 13/09/2024 a las 05:00

La política exterior -sostenía el añorado periodista Carlos Mendo- es lo más interesante de la política nacional. Sea cierto o no en nuestros días, lo exterior, sea la guerra de Oriente Medio, la inmigración procedente de Marruecos y el Sahel, los avatares de la dictadura venezolana de Maduro, máxime con el presidente electo González Urrutia en nuestros país etc..., se ve en ocasiones con más interés que la cansina política interior, donde no salimos de los elogios o censuras del ausente presidente Sánchez (el handsome, el guapo, de nuestra política interior o el depredador de la misma, según se vea), de la financiación singular de Cataluña, de la amnistía o de cosas parecidas. Menos mal que el Consejo General del Poder Judicial se renovó y se eligió a una presidenta del TS-CGPJ independiente.

En ese contexto, el debate entre la “Kamarada” Kamala Harris, como la denominó el “dictador” Trump (según le llamó la vicepresidenta), no solo tuvo motivo de interés o entretenimiento, sino que concitó mucha atención, pues se quiera o no, la política de Estados Unidos sigue teniendo gran tirón informativo. Es verdad que no podemos votar en las elecciones presidenciales de noviembre, pero sí al menos seguir cuál será el devenir de algunos aspectos de nuestras vidas, según sea el presidente elegido.

La vicepresidenta actual Harris, ticket del envejecido presidente Biden en las elecciones presidenciales de 2020, se presentaba ante el gran público americano en su primer y seguramente último debate con el ex-presidente Trump en la madrugada del día 11 de septiembre.

Es sabido que antes de la nominación in extremis de K. Harris, hace pocas semanas, tras el pobre resultado obtenido por Biden en su anterior debate con Trump, los analistas daban ya las elecciones ganadas por el magnate Trump, un Berlusconi a la americana, bravucón y altanero que cuenta con muchos seguidores en sus políticas populistas por todo el mundo, incluido en nuestro país. Lo ha recordado Juan Luis Cebrián, el antiguo director de El País, en su reciente libro El efecto Sánchez: ética política en la era de la postverdad, 2024, comparando algunos aspectos de la política de Sánchez con la de Trump.

El partido demócrata, ante la previsible derrota de Biden, ha echado la casa por la ventana, en todos los sentidos, para arropar a Kamala desde la convención de Chicago, con los Obama de teloneros, hasta todo el mundo de Hollywood expresando su apoyo, en especial el de la fulgurante estrella de Taylor Swift y su multitud de seguidores. Parece que dicha inversión les está dando resultados, pese a lo impredecible de la victoria final. El debate presentó en sociedad a una Kamala agresiva, que ha hecho honor a su spot de que actuaría como la Fiscal de California que fue frente al acusado Trump que es. Ha enseñado, dicho en corto, los dientes y pese a que el debate con un populista faltón no es fácil, la Harris no se anduvo con chiquitas, aunque los insultos y exageraciones por ambas partes no se dejaron de ver.

La democracia telemática en la que nos encontramos no permite matices. Trump presenta a EE UU como un país débil tras la presidencia de los demócratas, que necesita un sheriff como él para poner orden en el mundo y hacerse respetar. America first, es su lema. América lo primero. Por contra, la defensa de EE.UU de Harris es lo contrario, somos una gran nación -dice-, pero necesitamos que nos gobiernen de forma moderada puesto que entre otros, nuestros aliados nos necesitan. Más allá del trazo grueso de las propuestas, uno poniendo énfasis en que la economía va mal (Trump) y otra que va bien, aunque con problemas, pues Biden ha mejorado las cosas. En estos debates tan importante es lo que se dice, pero aun más cómo se dice y cómo se presente. El lenguaje verbal es muy importante, y aquí la “Kamarada” Kamala, así llamada por Trump en sentido despectivo, buscando conexiones con el marxismo-comunismo de la vicepresidenta tan sensibles para el público americano, fue contrastado por su buena puesta en escena y la firmeza de sus convicciones, tratando a Trump como un dictador. Un buen espectáculo que según los analistas de primera hora ha sido favorable para Harris, pero que habrá que ver qué sucede de aquí al primer lunes de noviembre fecha de las elecciones americanas. Hasta entonces, el espectáculo electoral está servido.

Manuel Pulido Quecedo. Abogado. Doctor en Derecho

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