"Imagino al alcalde abrazado a la secuoya del Palacio de Navarra para alinearse los 'chakras' abertzales"

Actualizado el 07/09/2024 a las 23:04
Cuenta José Luis Garci en su libro Beber de cine que lo primero que hizo el mono cuando bajó del árbol y se irguió fue tomarse un copazo para calmar los nervios. Tomarse un copazo puede estar bien, pero sin árboles no hay copazos. A uno, que tiene por costumbre darse largas caminatas por el monte, le produce mucha risa que la gente pague a un charlatán para darse un “baño de bosque”.
No hace falta irse muy lejos para disfrutar de un paseo arbóreo, salvo que Asiron continúe con el proyecto progresista de dejar Pamplona como Abu Dabi. Más allá de argumentos new age, la emergencia climática y la escasez de agua, a la que tanto alude el ecologismo de postureo del alcalde castor, sus contradicciones se muestran por sí solas. Imagino al alcalde abrazado a la secuoya del Palacio de Navarra para alinearse los chakras abertzales.
El monumento natural -la secuoya, no Asiron- tiene treinta y cinco metros de altura y un diámetro de tres y medio. Suficiente para que el edil lo abarque… creo. No lo vi amarrado con cadenas, como la Baronesa Thyssen, para impedir la tala de árboles ordenada por Gallardón.
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Asiron se limitó a impedir la construcción de un aparcamiento cuando gobernaba la oposición aludiendo a la sagrada vida arbórea de los chopos. Si la manía leñadora hubiese partido de UPN, se habría fotografiado vestido de druida a los pies de un plátano de la Plaza del Castillo.
Alguien llevará la cuenta de los árboles talados por el defensor de la rana bermeja, pues los ecologistas de Bildu y alrededores no saben, no contestan. Madrid es la cuarta capital más arbolada de Europa después de Varsovia, Berlín y Amsterdan.
En cinco años, el alcalde Almeida se ha ganado fama de arboricida por talar ocho mil ejemplares, a pesar de haber replantado doscientos mil. En su escala pamplonesa, Asiron sigue los pasos del castor madrileño, al que admira sin reservas. Algún día, el alcalde descenderá de algún tocón y se tomará un kalimotxo.