¿Xenofobia, buenismo o sentido común?

thumb

Manuel Sarobe

Publicado el 03/09/2024 a las 05:00

A falta de vacas escapadas de la Navarra en fiestas a las que seguir la pista, una de las serpientes del verano foral más llamativa ha sido la peripecia de un joven marroquí con múltiples antecedentes delictivos que, tras robar en una vivienda de Arguedas, donde se encamó con una octogenaria, volvió a hacerlo, pocos días después, en Corella, en el domicilio de otra nonagenaria.

Uno de los objetivos de las normas punitivas es disuadir a los potenciales delincuentes, aunque no solo las leyes sirven a este fin. Hace unos años me impactó un enorme cartel a las puertas de una vasta hacienda en Jamaica en el que se podía leer Transpassors will be shot, esto es, “Los intrusos serán tiroteados”. No sé yo qué habría de cierto en tan explícita advertencia, pero me imagino que serán pocos los osados dispuestos a comprobarlo. Igualmente inquietante me pareció otro letrero a la entrada de un pueblecito de Perú que rezaba “La criminalidad se castiga con el linchamiento”, algo impensable en España, donde gozamos de un Estado de Derecho que garantiza a todos un juicio justo y provee incluso de asistencia jurídica gratuita a quienes carecen de medios, a través del -mal pagado- turno de oficio. La creciente multirreincidencia delictiva revela también que nuestra laxa legislación no intimida a los transgresores.

AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

En los antedichos casos, las víctimas, afortunadamente, no reaccionaron, porque el resultado podría haber sido mucho peor … ¡para ellas! Un jurado popular condenó recientemente a prisión al mallorquín Pau Riego por matar a sus 78 años con su escopeta de caza a uno de quienes asaltaron su vivienda provisto de una pata de cabra, aunque dicho juicio, declarado nulo, deberá repetirse. Y es que aquí se mide mucho la proporcionalidad de la respuesta a las amenazas. El siempre incisivo Pérez Reverte escribió: “Que tomen buena nota los atracadores y asaltantes varios. Si cualquier vida es sagrada, como dicen, la de un atracador a domicilio es más sagrada todavía. Nos van a dar a todos, pero bien. Y con toda la razón del mundo”.

Así que, si se enfrentan a una situación semejante, venzan el pánico y actúen recordando la jurisprudencia de nuestros tribunales. Si los cacos empuñan una navaja, por ejemplo, olvídense de las armas de fuego y diríjanse a la cocina en busca de un cuchillo, y ello aunque actuando así tengan todas las de perder, pues lo normal es que los malhechores sean más diestros en el manejo del metal para destripar a su oponente que usted, que acostumbra a utilizarlo solo para cortar pan.

En Estados Unidos el señor Riego habría sido declarado inocente, dado que no se exige un comportamiento heroico a las víctimas, bastando con probar que su miedo fue real. Kyle Rittenhouse, por ejemplo, no solo fue absuelto, sino que se convirtió en héroe nacional, recibido por el mismísimo Trump, tras matar con su rifle en las protestas de Wisconsin contra el racismo a dos personas, una de las cuales portaba una bolsa de plástico y la otra un monopatín, tras alegar exitosamente “temor razonable” por su vida. Tampoco es eso.

En nuestro caso concurre otra circunstancia altamente sensible, como es la nacionalidad del ladrón. Vaya por delante que he tenido contratada en mi despacho profesional a una eficacísima joven de origen marroquí que acudía a trabajar con su “hiyab” y he contado también con la inestimable ayuda de foráneas al cuidado de mis padres, a quienes debo gratitud eterna porque han cumplido con su cometido derrochado un cariño que ha creado unos vínculos afectivos que persisten incluso ya retornadas a sus países. No me considero por tanto xenófobo, ni podemos permitirnos serlo porque el Banco de España estima que hasta 2053 precisaremos de 24 millones de extranjeros, dado que aquí nos tiran más las mascotas que los niños.

Necesitamos, sí, mucha inmigración, pero ordenada. Únicamente deberíamos acoger a quienes podamos integrar procurándoles una vida digna, pues abandonarlos a su suerte no es una opción. Y es obvio que no todos los desesperados por huir de África caben en España. Del mismo modo que, incluso los partidarios de un utópico mundo sin fronteras deciden quiénes entran en su propia casa, solo a nosotros nos corresponde definir la política migratoria de nuestra casa común. Sorprende que los “espaldas mojadas” que cruzan el Río Bravo rehúyan la temida Patrulla Fronteriza yanqui, mientras quienes saltan la valla melillense marchan exultantes de gozo a los saturados CIEs, sabedores de que entran para no salir. O que se nos exijan pasaportes y visados en regla para viajar, al tiempo que los aquí arribados destruyen deliberadamente sus documentos para dificultar su expulsión. La inacción de un Estado sobrepasado, incapaz de disuadir las llegadas irregulares masivas, está provocando un efecto llamada que las mafias aprovechan para enriquecerse a costa de sembrar de cadáveres el Mediterráneo y generar una crisis migratoria colosal que alimenta el discurso de odio de la pujante ultraderecha.

Alfombra roja pues para quienes vienen a aportar, humanidad para los realmente necesitados hasta donde alcancen los finitos recursos y tarjeta roja sin complejos para los delincuentes que traicionan nuestra generosidad. ¿Xenofobia, buenismo o sentido común? Ustedes mismos.

Manuel Sarobe Oyarzun. Notario

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora