"Borrell representa la esperanza de una vieja política digna, socialdemócrata e ilustrada que tanto se echa en falta"

Actualizado el 01/09/2024 a las 23:52
"Los europeos no estamos preparados para la dureza del mundo”, ha dicho Borrell en Pamplona, donde ha recibido un premio. Somos unos blandos, podemos pensar, frente a un mundo amenazante y turbio. Una sociedad envejecida y dependiente, agotada, que no cuenta ya como actor en el mundo real, un mundo, según Borrell, “áspero, difícil y cruel, donde la guerra es la manera de solucionar los conflictos”.
Un mundo donde somos una isla de bienestar, como los viajeros de primera que escuchan música en un barco que se hunde. Mientras caen las bombas y se despedazan países nosotros estamos preocupados con los tapones de los envases, que ahora no se caen, para pasmo e incordio general.
En eso se ocupa la maraña burocrática europea. Borrell ha tenido mucho éxito con su discurso y representa la esperanza de una vieja política digna, socialdemócrata e ilustrada que tanto se echa en falta, aunque en realidad fue un gran apoyo para la llegada de Sánchez, lo que demuestra que a veces a los más listos les cuesta más ver la realidad, encerrados en su razón.
El caso es que Borrell representó un respuesta seria y argumentada a los excesos del secesionismo en Cataluña, de hecho escribió un libro en que desmontaba las falacias de las balanzas fiscales y el “España nos roba” (Las cuentas y los cuentos de la independencia), para demostrar que Cataluña no estaba discriminada.
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No sirvió de nada, por supuesto, salvo para que le escupieran un día en el Congreso.
El pacto de Illa con ERC le debe haber sentado a cuerno quemado y ha dicho que es un pacto que asume el relato del procés, y que la financiación prometida es similar al concierto, en contra de lo que dice la ministra Montero, que con su vehemencia habitual ha dicho que Borrell representa el pasado, lo que vuelve a demostrar que para reaccionar a la deriva socialista siendo socialista hace falta estar cerca de los 80 años y tener una gran carrera política, siempre que sea por detrás y no por delante. Ser a la postre como Europa: un bello resplandor del pasado, inoperante en un mundo cruel.