El reparto de la ignominia

Publicado el 04/08/2024 a las 05:00
Contemplar cómo el Gobierno exprime y cede leyes del Estado para satisfacer la voracidad insaciable de los independentistas, a cuenta de seguir en el poder, causa rubor, rabia y desconcierto. La actitud de postración del actual Gobierno ante la retahíla de peticiones de ERC, especialmente, nos induce a pensar que la voluntad democrática de la mayoría de españoles queda reducida, queda engañada y, me permito decir más, deja al Estado escorado sin saber quién marcará el rumbo en lo que resta de legislatura. No se están negociando medidas, sólo se está chantajeando a un Gobierno formado por un pupurrí de intereses contrapuestos, que ven la gran oportunidad de hacer astillas del árbol caído.
ERC se está jactando de tener a Pedro Sánchez bajo su calcañar; ha detectado su hambre inconmensurable y su ansia de poder, hasta el extremo de roerle las entrañas, produciéndole, todo ello, un vértigo, que le sitúa fuera de la realidad. Por otro lado, el señor Puigdemont, anuncia que vendrá a Cataluña para dinamitar la investidura del señor Illa, tras el acuerdo, “in extremis”, entre el PSC y ERC.
El independentismo siempre ha hecho gala de ser el propietario, en exclusiva, de la voluntad popular manifestada fehacientemente en las urnas, por una mayoría de catalanes, hartos de las manipulaciones y el eterno lloriqueo insolidario de los independentistas: no vale que el Sr. Illa haya sido el ganador de las elecciones.
Mientras, el pueblo asiste impávido a este burdo espectáculo.
ERC ha conseguido su “singularidad” arrancando un sistema de financiación fuera del régimen común y, de paso, han fagocitado las pretensiones de Puigdemont, pero pagando un precio que rompe la solidaridad nacional. La mayoría silenciosa catalana, pese a estos vaivenes, parece estar inmunizada y, pese a sus largos e impuestos silencios, acepta estos chantajes políticos con tal de colmar las ansias de los independentistas y, de rebote, dar un balón de oxígeno al señor Sánchez para llegar a la pacificación, según ellos.
Sorprende la tímida crítica de amplios sectores del PSOE para replantear las cesiones que han hecho desde el Gobierno. ¿Qué se cuece en el interior de las bases del PSOE, que nada trasciende, salvo la voz tímida del Presidente manchego, García Page? Es muy posible que determinadas voces disidentes estén atemorizadas ante la mordaza de un Gobierno que, con fina sutileza, sofoca la crítica que va contra sus descabelladas concesiones.
No cabe duda que domina muy bien los entresijos de un partido que ha pasado de rebelde a pesebrero, con un conformismo desconcertante, que merece medidas quirúrgicas para saber las causas de tan patológica transformación.
Es posible que el silencio de su militancia viva en su propia carne el peso de una implacable censura, que se encarga de acallar y atemorizar a sus bases para que reine el ‘silencio de los corderos’.
El modelo sanchista, por el momento, funciona muy bien para tener silenciada a la disidencia interna, ya que ésta, si se revela, juzgaría duramente a los actuales dirigentes, que han demostrado carecer de coherencia, ética e interés por España. La política se está convirtiendo en un ‘modus vivendi’, donde aferrarse al poder es un fin para justificar una nómina, aguantando, muchas veces, el pedrisco de la crítica social sin la más mínima sensación de culpa. Parafraseando a nuestro insigne Premio Novel, Ramón y Cajal, para ser político se precisa: “Tener piel de paquidermo, corazón de elefante y estómago de buitre.