"Ver anochecer y amanecer, dormir aquí es una maravilla, decían. Tenían razón"

Publicado el 01/08/2024 a las 05:00
Comentaba una persona que alquilaba su casa en pleno monte, que a sus inquilinos, lo que más sorprendía del lugar era la noche. Porque en aquella soledad, la noche era realmente noche. Toda ella oscuridad y silencio, ya que de sus ventanas no se veía luz alguna y no se oían más que los sonidos propios de la naturaleza. Ver anochecer y amanecer, dormir aquí es una maravilla, decían. Tenían razón. Yo misma sin adentrarme en frondosos bosques lo experimento cada verano, y aunque diré que el lugar en donde lo paso tiene alumbrado público, es tal la quietud que acompaña a la noche, y el silencio, roto tan solo por el canto de algún grillo, que dormir aquí es un lujo.
Nunca me ha despertado el paso de los camiones de la basura, la bocina de un coche impaciente exigiendo paso, ni la descarga de un camión frente a una tienda o un bar. Nada. Parece como si nuestra casa fuera la única habitada del lugar, a la que, eso sí, llegan al amanecer los trinos de los pájaros, uno de los sonidos propios de la naturaleza, de los que hablaban los inquilinos de la casa del monte, que al parecer disfrutaban la noche por primera vez.
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Servidora, recordando su infancia en la casa natal de su padre, de la que fue huésped en numerosas ocasiones, entre esos sonidos propios de la naturaleza echa en falta un gallo en su pueblo de adopción. Un gallo fanfarrón y gritón que avise con su kikirikí de que el sol asoma tras los montes, que ha llegado el día, como hacían antaño los del pueblo de mi padre, dando permiso a los pájaros para empezar su concierto de trinos, que en aquel entonces me recordaban que estaba en vacaciones, que no tenía que estudiar ni madrugar, que todavía podía quedarme un rato en la cama...
Bueno, aunque sin kikirikí, es lo que hago ahora dormir en silencio, en paz, ¿se puede pedir más?