"Al pobre San Fermín de la curva de la Estafeta lo besan, lo acarician, palmotean como si fuera un colega, peor, ¡como si fuera una novia!"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 04/08/2024 a las 10:54

En el encierro se ha puesto de moda rezar ante las cámaras. Parece que si uno reza más, corre mejor y así la gente se persigna con unos tics y un ímpetu nunca visto. Si le siguen añadiendo persignaciones, santiguamientos y manejo de medallas, el encierro de Jandilla parecerá la ceremonia del mono de Sumatra. 

El mudo de Falces -que mudo no era-, rezaba ante la hornacina y pegaba unos gritos que no veas, alaridos que a mí, siendo un pibe, me asustaban mucho pues creía entender que hablaba de morirse en las astas de un toro y otros augurios que me ponían los pelos de punta de manera que, cuando se aparecía con el vozalón, yo me iba a otra parte para no escucharlo. 

Quería hablar de los rezos delante de la cámara en este prime time espiritual que concede la retransmisión del encierro cuando se enfoca en el encierro de vez en cuando, pues pese a los esfuerzos del gran Teo Lázaro, parece que en lugar de una carrera, retransmiten otra cosa. 

Los rezadores conocen las ventanas para aparecer ante España entera besando sus medallas, tocándose el pecho y la frente, y el pecho de nuevo, placando a los tipos que llevan al Santo hasta la hornacina para tocar al Santo; un día lo van a romper. 

Si rezan para que se les vea, ¿no correrán para que se les vea? Es que rezan a todo lo que se mueve. Hasta a Miguel Reta, le rezan y lo abrazan como si fuera la imagen del apóstol Santiago. 

Al pobre San Fermín de la curva de la Estafeta lo besan, lo acarician, palmotean como si fuera un colega, peor, ¡como si fuera una novia! Los de la tele saben dónde están y los buscan, y ellos buscan a los de la tele, y aquí se da una ceremonia impúdica que a mí me da alepori, siendo yo creyente y rezador, pero en silencio. 

No tiene mucho mérito: antes del encierro, reza hasta el anticristo. Desde que salgo de casa hasta que entro en el recorrido, calculo que me da para un misterio del rosario. Después, con el humo blanco de la mecha, pienso el último Ave María interior, pues todo en el encierro es interior, o debería, y a correr.

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