Cartas de los lectores
Desde Unzu, gracias


Publicado el 24/07/2024 a las 05:00
Por mi trabajo veo que una noticia deja atrás a otra. Que el hecho que ha centrado la atención de los medios pasa a un segundo o tercer plano cuando otro acontecimiento “salta” cerca o lejos. Lo vimos en mi pueblo entre el sábado por la tarde y el domingo de madrugada. El incendio que se acercó peligrosamente al núcleo rural en el que vivimos apenas 30 personas a tiempo completo, ya controlado, “pasó a la historia” por otro fuego bien cercano. El del Fuerte de San Cristóbal.
Pero ese salto en la información no debe hacer que olvidemos lo ocurrido. La amenaza del fuego que en cuestión de minutos, y con ayuda del cierzo, saltó desde Garciriáin a Unzu a través de campos de cereal recién cosechados y otros con los frutos preparados para la recolección. La incertidumbre por lo que venía y las consecuencias que podía provocar si finalmente esas llamas que desde las casas más al norte del pueblo veíamos gigantes alcanzaban finalmente los edificios repartidos a un lado y otro de la carretera.
Con una columna de humo creciente, llamadas al 112 (alguna sin respuesta), pronto se oyeron los helicópteros. El primero en labores de inspección, seguido de otro con la primera carga de agua que soltó sobre la lengua de fuego que hasta entonces no paraba de crecer.
Después llegaría otro y una avioneta que lanzaba un material contraincendios. Dos camiones y otros dos vehículos con personal. Sirenas. Curiosos que se detenían y otros, más discretos, que pasaban de largo.Tres dotaciones de bomberos de Cordovilla, Tafalla y Sangüesa, además de guardas forestales de Medio Ambiente y agentes de Policía Foral y Guardia Civil nos contaban poco después en ediciones digitales como la de este periódico.
Y con ellos los tractores. Esos que han llenado este invierno y esta primavera las calles de la ciudad. Esos vehículos que han incomodado a algunas personas detenidos en la calzada en su llamada de auxilio para mostrar la incertidumbre sobre su futuro con la que viven agricultores a tiempo completo y los que compaginan otras labores para cuadrar la economía de sus hogares. Provistos esta vez de los aperos necesarios para mover la tierra y hacer cortafuegos. Trabajando en un terreno seco y polvoriento tras semanas sin lluvias. Vecinos del pueblo, los primeros en llegar, y de otros cercanos que se fueron sumando. Ninguno dudó en adentrarse en la zona de peligro, de exponer su vida y sus instrumentos de trabajo. Profesionales de la agricultura y otros con la pericia que dan los años viendo trabajar la tierra a los suyos y colándose en los tractores desde chicos. Entraron donde el humo no dejaba distinguir ese terreno del que conocen baches, regatas, hondones y hasta donde quedó para el olvido algún carro o arado.
Su labor y la del personal de emergencias desplazado nos tranquilizó pronto. Hasta los ojos más inexpertos pudimos ver que el incendio se detenía allí donde minutos antes había llamas y una gran columna de humo que se vio y olió en toda la cuenca.
Para muchos una anécdota en un verano de noticias trepidantes. Para los que sufrieron el primer impacto quedará el temor. Para aquellos a cuyas propiedades llegó el fuego quedarán las pérdidas económicas. Pero me atrevo a decir que prácticamente todos en Unzu guardaremos el agradecimiento a todas las personas que se esforzaron y se expusieron para salvar nuestro “txoko”. Nuestro pequeño pueblo y lugar idílico las más de las veces, pero siempre tan limitado en medios y servicios para que sea más seguro ante la incertidumbre del fuego. Y del agua, que también nos amenaza en ocasiones. Con todo, gracias por el trabajo y por la ayuda.