"Desde hace un cuarto de siglo Rosa Regàs acudía puntualmente a su cita anual en Villava para fallar el premio literario de la localidad"

Publicado el 20/07/2024 a las 05:00
La primera noticia que uno tuvo de Rosa Regàs fue, allá por los finales de los 70, cuando cayó en sus manos un libro singular firmado por el entonces desconocido narrador Álvaro Pombo, titulado Relatos sobre la falta de sustancia. Con él se presentaba en sociedad la editorial La Gaya Ciencia, fundada por Regàs tras unos años de colaboración en el sello de Carlos Barral, de quien había aprendido el oficio. Luego vendría un breve pero distinguido muestrario de obras a cargo de autores como Juan Benet, Javier Marías, María Zambrano, Agustín García Calvo o Félix de Azúa. En la misma editorial pudimos leer los hijos de la Transición aquellos provechosos breviarios de la Biblioteca de Divulgación Política que nos introdujeron en las claves de la democracia. Ambos proyectos daban testimonio de la inquietud y la curiosidad de aquella 'editora pelirroja', como la retrató Vázquez Montalbán antes de que ella emprendiera otros proyectos vinculados a la palabra escrita, primero como traductora en organismos internacionales y, ya entrados sus 50, como novelista en plena madurez, a partir de Memoria de Almator hasta Música de cámara, pasando por las laureadas Azul -premio Nadal de 1994- o La canción de Dorotea -premio Planeta de 2001-. Es la historia de un aprendizaje y de una evolución a la que no son ajenos sus vínculos con la 'gauche divine' y la sociedad literaria barcelonesa de la mejor época, la etapa como directora de la Biblioteca Nacional, el compromiso cívico por la igualdad y el progresismo, el nomadismo incansable en dirección a cualquier punto del mapa donde se le invitase a oficiar la ceremonia cultural, por humilde que esta fuera. Desde hace un cuarto de siglo Rosa Regàs acudía puntualmente a su cita anual en Villava para fallar el premio literario de la localidad. Esta dama de las Letras, cuya presencia ha atravesado la alta literatura del XX y parte del XXI, que más de una vez tuvo que pagar el peaje de pensar por libre y de obrar sin servidumbres, ha dejado entre nosotros la huella de su talento, su humor cómplice, su vehemencia en la conversación, su inagotable energía, su generosidad y su amistad. En mayo presentó su libro postrero Un legado, quizá intuyendo el próximo final de su vida plena. Falleció el 17 de julio. No la olvidaremos.