"Cada vez son más los pamploneses que se van durante las fiestas, ya que según el lugar en que viven, estos días se les hacen insoportables: ruido, gamberrismo, suciedad..."

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Lucía Baquedano

Actualizado el 17/07/2024 a las 23:41

Los vecinos cercanos al embalse de Alloz parece que no se alegran de que sus aguas sean tan limpias y cristalinas. Prefieren colocar la bandera azul dentro de un año, o dos, o tres, o tal vez guardar silencio y que nadie se entere del tesoro que tienen. 

Temen que si se corre la voz, su paraíso deje de serlo, y les ocurra como a otros lugares que, por tener una bella cascada, el hermoso nacedero de un río o cualquier pintoresco paraje, pase a ser uno de esos turísticos emplazamientos donde ya los vecinos han dejado de disfrutarlos, y ni siquiera pueden aparcar su coche ni dejar a sus niños corretear por el pueblo por miedo a que sean atropellados por los vehículos visitantes.

 El turismo que siempre se nos ha presentado como el halagüeño futuro de la economía en muchos países, ahora está en entredicho. La gente ya no se alegra cuando atraviesa la frontera el turista nosecuantosmillones, ni que este año sean más que el pasado los que nos visitan. Tan sólo quienes viven de ello se frotan las manos de gusto. 

Los demás piensan en cómo se ha encarecido todo y que no hay pisos para alquilar, porque estos se han convertido en “turísticos”. Además en algunas ciudades los vecinos del Centro han tenido que mudarse al extrarradio por los mil inconvenientes surgidos junto a sus hogares. 

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O sea, los lugareños han tenido que ceder su lugar a los visitantes. Y así las cosas, algunos nos preguntamos si no está ocurriendo lo mismo con los Sanfermines, porque cada vez son más los pamploneses que se van durante las fiestas, ya que según el lugar en que viven, estos días se les hacen insoportables: ruido, gamberrismo, suciedad, malos olores, un no poder dormir ni salir de casa...

 Los que recordamos aquel San Fermín Txikito de 1978 solo con “los de casa”, pensamos si es lógico preparar y gastar tanto dinero para disfrute casi exclusivo de los de fuera. Me siento egoísta al decirlo, pero tiemblo al recordar a los venecianos a quienes los muchos cruceros que llenan de turistas su ciudad, les han echado a perder su plácida vida anterior. ¡Qué pena!

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