Joe Biden y el Todopoderoso

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Fernando Hernández

Publicado el 13/07/2024 a las 05:00

En la primera temporada de El ala oeste de la Casa Blanca, un sacerdote interpretado por Karl Malden le cuenta al presidente Bartlet (que pide una señal divina para hacer frente a una difícil decisión) esta historia, casi un chiste.

Un hombre muy religioso oye en la radio que se van a producir unas fuertes inundaciones y que hay que evacuar. “Soy un fiel servidor del Señor, Él me protegerá”, dice. El agua empieza a subir y a cubrir su casa, y los bomberos llegan en una lancha neumática para sacarlo de allí. “Soy un fiel servidor del Señor, Él me protegerá”, dice. La riada aumenta, y tiene que subir al tejado de la casa. Un helicóptero le tira una escalera para salvarlo. “Soy un fiel servidor del Señor, Él me protegerá”, dice. Por supuesto, muere ahogado, y cuando se presenta ante las puertas del cielo, le dice a San Pedro que quiere una audiencia con Dios. Ante el Todopoderoso, el hombre le dice que no entiende cómo no le ha protegido a él, que era su fiel servidor. “¡Pero si te mandé un aviso por radio, una zodiac y un helicóptero! ¡Soy YO el que no entiende qué haces aquí!”.

El pasado domingo, en una entrevista en la ABC, Joe Biden decía que mantenía su candidatura. “Si el Señor todopoderoso bajara y me dijera ‘Joe, abandona la carrera’, lo haría. Pero el Señor no va a hacerlo”, aseguraba. Y me acordé del chiste de El ala oeste.

Biden reclama una interlocución directa con Dios que no se va a producir. Alrededor, todas las señales indican que debe retirarse: su penosa actuación en el debate de hace un par de semanas; la petición de medios como el New York Times; la rebelión, cada vez más pública, dentro del partido demócrata; llamar Putin a Zelensky, como hizo el jueves; o artículos como el que publicó el miércoles George Clooney.

Clooney es más que un actor. En su texto, alardeaba de que había organizado algunos de los eventos de mayor éxito para conseguir fondos para los demócratas: Obama, Hillary Clinton y el propio Biden. Era rotundo: “No vamos a ganar en noviembre con este presidente. Además, no ganaremos la Cámara de Representantes y vamos a perder el Senado. No es solo mi opinión; es la de todos los senadores y miembros del Congreso y gobernadores con los que he hablado en privado. De cada uno de ellos, al margen de lo que digan en público”.

Es posible que a Biden solo le pueda convencer de retirarse la perspectiva de que, si no lo hace, se convierta a los ojos de todos en el culpable de una victoria de Trump y de una debacle para los demócratas. Ese miedo a tener que expiar un pecado de soberbia puede ser la señal divina que le falta.

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