"Aquí no se desea una república unitaria sino un país de microrrepúblicas y de aldeas en pugna"

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 23/06/2024 a las 05:00

La semana ha sido monárquica y balompédica. Se cumplieron diez años del reinado de Felipe VI y la selección española bailó a la italiana. Dijo en cierta ocasión Mario Onaindía que no era monárquico porque es absurdo que el futuro político de un país se cifre en el encuentro caprichoso de un óvulo con un espermatozoide. Hay que reconocer que la frase es resultona, siempre que se refiera a un rey con poderes absolutos. 

No fue el caso del emérito ni de Felipe VI, limpio del campechanismo, los supuestos polvos franquistas, el pertinaz rijo y la avaricia paterna. El CNI dejó caer al padre para que saliera a escena Felipe VI, un rey nuevo diseñado para la ocasión. 

Fui presentado a los entonces príncipes con motivo del Premio Príncipe de Viana. Impresionaban tanto como la infanta Leonor, una guapeza que a sus dieciocho añitos ya podría dar lecciones de modales a Irene Montero e Isa Serra, eurodiputadas republicanas en la monarquía belga por diez mil euros al mes. La superstición política cree que la república es el mejor de los mundos posibles. 

Rusia, Ecuador, Honduras o la República Popular China, desmienten la creencia. Tampoco la monarquía es infalible; ahí abajo está el sátrapa marroquí, cuyo único mérito es servir de tapón al islamismo. Sin embargo, Holanda, Bélgica, Dinamarca o Gran Bretaña, países de 'nula' tradición democrática, prefieren el simbolismo monárquico. 

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La república es un sistema político eficaz en un país unido, con un fuerte sentido histórico. Pero aquí no se desea una república unitaria sino un país de microrrepúblicas y de aldeas en pugna. 

Por ser el símbolo de la unidad, el rey es el objetivo en esta partida de ajedrez. Felipe VI sortea las zancadillas de Sánchez, los desplantes, los celos, pues frente a Su Alteza, Sánchez es su bajeza, que jugó al baloncesto. O eso dice. Así las cosas, prefiero un rey constitucional, cuyos discursos podría firmar un republicano, que un presidente cada día más convencido de que el PRI, que dirigió México durante setenta años, es su modelo de referencia.

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