"El Máster de Transformación Social Corporativa que Begoña Gómez dirigía en la Universidad Complutense rayaba a una altura vertiginosa; era una nueva cumbre del espíritu"

Publicado el 11/06/2024 a las 05:00
En un país tan atrasado como el nuestro, que ha perdido todas las revoluciones, resulta muy gratificante que hayamos tomado la delantera mundial en el desarrollo de la industria del humo y de la esdrújula. Ni siquiera los economistas han encontrado todavía un nombre para definir una actividad tan novedosa y estimulante. Podríamos llamarle el cuarto sector.
En los demás sectores las cosas tienen el aburrimiento de la solidez. Se producen manzanas, chuletas, cacerolas, electrodomésticos o automóviles. Incluso en el sector servicios existen funcionarios corpóreos que acaban rellenando expedientes o camareros tangibles que sirven ‘gintonics’ reales que a veces llevan cardamomo. Sin embargo, en el cuarto sector todo es etéreo y vaporoso, sugerente, esquivo. En este capítulo, el Máster de Transformación Social Corporativa que Begoña Gómez dirigía en la Universidad Complutense rayaba a una altura vertiginosa; era una nueva cumbre del espíritu. Por fin alguien se había dado cuenta de que en el futuro todo va a ser socialmente transformador, corporativamente social e incluso, por qué no, transformadoramente corporativo.
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El primer objetivo del Máster, según el programa académico, era “entender que la sostenibilidad con impacto debe ir indiscutiblemente unido (sic) a la estrategia de negocio para generar una ventaja competetitiva”. ¡Normal que Google le hiciera el software gratis! Esa gente de Silicon Valley huele el negocio y en esa imponente sucesión de polisílabos se esconde el petróleo del futuro. Yo me iba a inscribir este año, pero acabo de leer que la Complutense ha decidido retirarlo de su oferta académica por un quítame allá esas pajas. Qué poca vista.