"La pregunta es si seremos capaces de proteger a la infancia cuando carecemos de defensas para protegernos a nosotros mismos"

thumb

José María Romera

Publicado el 08/06/2024 a las 05:00

El Gobierno ha aprobado un anteproyecto de ley para la protección digital de los menores, con el que pretende garantizar sus derechos y evitar los daños que los acechan en ese mundo virtual que ha dejado de ser un paisaje de fondo en sus vidas para convertirse en el hábitat donde crecen y se desarrollan. 

Uno lee el texto de la norma y siente algo parecido a la ternura que inspiran ante un incendio esos zafarranchos de gente asustada y voluntariosa puesta en cadena para combatir con baldes de agua la voracidad de las llamas. Es probable que este manojo de normas y regulaciones produzca algún efecto positivo siempre y cuando se apresuren a hacerlas efectivas. 

Luego envejecerán en un abrir y cerrar de ojos, pero este es el signo de la era digital: para cuando creemos haber tomado la medida a una innovación, ya hay otra que viene a sustituirla. Y esto es solo el principio. A la velocidad que van adquiriendo los cambios originados por la tecnología, no hacen falta dotes proféticas para predecir que padres y educadores se van a encontrar con nuevos desafíos y lo van a tener cada vez más complicado.

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

 Hace unos años, cuando se empezaba a hablar de los 'nativos digitales', el filósofo Michel Serres observó la destreza con la que su nieta de corta edad movía los pulgares sobre la pantalla de un móvil. Acuñó entonces el término de 'generación Pulgarcita' para referirse a esos pequeños mutantes que manejan aparatos vertiginosos y se comunican en códigos indescifrables como si vinieran equipados de serie para hacerlo así. 

Hace unos días, un equipo de pediatras alertó de un fenómeno detectado en niños con problemas para agarrar objetos presionando el dedo pulgar y el corazón en lo que se conoce como 'efecto pinza', una de las habilidades motrices básicas en el desarrollo del ser humano. 

Si algo tan consustancial a nuestra identidad física como el dedo pulgar ha cambiado su función, ¿qué otras transformaciones no se estarán produciendo en nosotros sin que nos demos cuenta? Nuestras instituciones, dice Serres, han sido creadas para un mundo que ya no existe. Tratamos de afrontar los problemas de hoy con remedios de anteayer. Así las cosas, la pregunta es si seremos capaces de proteger a la infancia cuando carecemos de defensas para protegernos a nosotros mismos.       

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora