"Que no nos engañe la jota: si el mundo se hunde nos iremos a pique con él"

Publicado el 02/06/2024 a las 05:00
El pasado 21 de mayo, Jorge Azcón, presidente del gobierno de Aragón, anunció que Amazon Web Services (AWS) va a invertir 15.700 millones de euros en tres centros de datos situados en Huesca, El Burgo de Ebro y Villanueva de Gállego. El plan prevé además la creación de 7.000 empleos directos.
Poco antes, el presidente de Microsoft, Brad Smith, había anunciado a Pedro Sánchez un plan de inversión que, en el caso de Aragón, prevé invertir 6.600 millones de euros y crear 900 puestos de trabajo en otros tres centros de datos
Por si estos 22.300 millones de inversión parecieran poco, por las mismas fechas se publicó que Meta (casa matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp), está negociando con el gobierno de Aragón para ubicar allí instalaciones de similares características.
Conviene destacar que estas tres empresas (Microsoft, Amazon y Meta) eran, en 2023, la segunda, quinta y octava del mundo por capitalización bursátil, con un capital agregado de 4,51 billones de dólares. Detrás de las cajas sonrientes, del software, de la mensajería y de las redes sociales existen empresas descomunales, sólidas y serias. Estamos hablando de inversiones equivalentes al PIB de la Comunidad Foral de Navarra en 2022. Integrar a estas empresas en el tejido económico de una comunidad es un éxito rotundo y envidiable.
Estamos en una nueva era. Una era de infraestructuras digitales, empleo especializado, infinitas oportunidades formativas y laborales y actividades de altísimo valor añadido. Sospecho que este tren va a pasar -si no ha pasado ya- de largo por Navarra. Quizá caigan algunas migas, pero el efecto llamada existe, y es de suponer que el pujante sector de los Data Center siga apostando por los territorios en los que ha encontrado (porque alguien se ha encargado de que así sea) las condiciones para asentarse y desarrollarse.
Porque se trata de eso. La captación de inversiones es un entorno muy competitivo. No digo que sean superfluos, pero no basta con apilar planes estratégicos, hubs, clústeres y otros anglicismos a la moderna. Hay que exprimir las ventajas competitivas existentes, intentar mejorar donde se está en desventaja y algo muy importante: tomar como ejemplo los modelos adecuados. Hay quien cree que el modelo al que debemos aspirar es el de los vecinos del noroeste. Se equivocan: hay cierto consenso en el sentido de que la Comunidad Autónoma Vasca afronta un sombrío porvenir económico y demográfico. Compartimos algunos de los factores causales, y en algunas otros incluso estamos en clara desventaja. De la Comunidad Autónoma Vasca quizá lo que se pueda aprender es qué errores evitar.
En lo que a Navarra respecta ¿hemos aprovechado la ventaja fiscal que podría suponer el régimen foral? No: hemos cometido la absurda estupidez de poner en ventaja a los demás. ¿Tenemos a la vista, a corto plazo, la finalización de infraestructuras de capital importancia como el TAV, la autovía Pamplona-Madrid o el Canal de Navarra? Tampoco, y lo más preocupante es que parece que a muchos navarros no les importa gran cosa. Ahora que están de moda los ecosistemas ¿qué mejor retención y atracción de talento que crear uno confortable y favorable para la inversión? Décadas de política autocomplaciente ha adormilado a la ciudadanía navarra, que ya solo levanta la cabeza y se emplea a fondo cuando enseña la patita el lobo de las querellas identitarias en cualquiera de sus proteicas encarnaciones, aunque por detrás nos estén quitando el pan del morral.
¿Es una visión pesimista? Lo parece, pero siempre hay enmienda para quien tiene el firme propósito de enmendarse. A los ciudadanos hay que decirles la verdad, y la verdad en este caso es que los políticos de Aragón, sin demasiadas gesticulaciones, sin consideraciones partisanas, con una gestión profesional, ágil y proactiva han logrado para su tierra unas inversiones que quizá pudieran haber venido a Navarra, de no haber estado nuestra clase política dedicándose a otras cosas -sobre todo a echarse los trastos a la cabeza, tenernos entretenidos con simplezas y tratarnos a todos, quizá con cierto merecimiento, como si fuésemos párvulos. Exijamos y trabajemos un cambio de rumbo, y hagámoslo pronto. El Viejo Reyno va camino de convertirse en una sociedad arrinconada, ansiosa porque ve desvanecerse un bienestar que cada vez lo es menos, orgullosa de su pasado pero incapaz de dar un paso claro hacia el futuro, engreída de sus antiguos blasones, de sus milenarias prerrogativas, que honrará con esmero, que invocará como una salmodia sanadora cuando arrecien las dificultades, pero que no serán ya más que una polvorienta reliquia.
Que no nos engañe la jota: si el mundo se hunde nos iremos a pique con él, pero hasta que tal cosa ocurra, Navarra no va p’alante. Si acaso, va p’atrás.
Alfredo Arizmendi Ubanell. Médico