"Recuerdo que en la pequeña Pamplona, donde todos nos conocíamos, causó estupor que una de las más guapas pamplonesas se fuera monja de clausura"

Publicado el 30/05/2024 a las 05:00
Pues sí, yo también vi 'Gilda' hace unos días en la televisión. Lo hice con gran curiosidad porque tenía el recuerdo de lo mucho que de ella se habló en mi niñez. Clasificada en el cuatro como moralmente peligrosa, las personas que a ella acudían, a quienes tenía sin cuidado tal clasificación, o no leían el periódico donde ésta se anunciaba, eran miradas con cierta prevención. A mí, vista hoy, me pareció bastante aburrida si voy a ser sincera.
Pero Gilda, uno de mis primeros recuerdos del cine, no por haberla visto ni tener idea de Rita Hayworth, sino por lo mucho que se habló entonces de ella, impactó en la sociedad e incluso cambió la moda en el vestir de las jóvenes. Todas se peinaban como ella, alargaron un palmo sus faldas y no dudaron en calzar los que ya se llamaban zapatos Gilda, que eran altos y sujetos al tobillo por estrechas correíllas. Recuerdo que por aquel entonces, en la pequeña Pamplona donde todos nos conocíamos, causó estupor que una de las más guapas pamplonesas se fuera monja de clausura, por lo que durante unos días no se habló de otra cosa, ya que era joven, moderna... y para recalcar su modernidad, en la conversación se añadía: llevaba zapatos Gilda.
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Se impusieron los bolsos de plástico que entonces decíamos de plexiglas, parecían de gran elegancia y no estaban al alcance de cualquiera. Y, como las pequeñas también queríamos ser como Gilda, en los puestos de las barracas sanfermineras de aquel año se vendían diminutos bolsitos de plexiglás para, mediante un imperdible colgarlos del vestido, como si de bello broche se tratara. Las que, como servidora, prefirieron comprar cualquier otra cosa, se limitaron a cantar junto a sus vecinas el amado mío te quiero tanto, pero cambiando la letra por: Amado mío, cómprame un bolso de esos de moda, de plexiglás, zapatos Gilda, vestido largo...