Cartas de los lectores
Odisea en Renfe en un tren Zaragoza- Pamplona


Publicado el 28/05/2024 a las 05:00
Comparto con ustedes una experiencia vivida el domingo cuando pretendía regresar desde Barcelona a Pamplona en Renfe. Comienzo por mi primer trayecto en AVE, fue el desayuno de lo que se avecinaría después.
Estación de Sants, AVE a Pamplona, salida 16 horas. Empezamos a entrar en la vía asignada a las 16:04 horas. Mejor dicho, nos dieron acceso al carril de embarque, apretujados y asfixiados de calor. Pero era sólo para “contentarnos” porque cuando todos los que estábamos (gente mayor, niños y bebés, silletas, etc) bajamos al andén, nos encontramos con otra espera de nuevo de más de 10 minutos, arrullados por un ruido ensordecedor, con todavía más calor, inquietos y sin noticias de posibles retrasos. Añadimos el peligro de estar al borde de las vías del AVE sin tren estacionados, con el peligro que esto entraña. Para mí sorprendente. Resultado: un viaje en AVE interminable, continuos parones de los que no sabíamos ni motivo ni duración, angustioso. Al final, retraso de más de una hora.
Pero aquí no acaba la aventura porque llego a Delicias con inquietud de llegar a tiempo para mi siguiente tren, el que me traería a Pamplona, a las 19:30 horas. De nuevo, en el panel de salidas no sale el número de vía hasta ocho minutos antes. Cuando todos los que íbamos nos dirigimos con prisa al andén, de nuevo retraso, esta vez de diez minutos. Perfecto. No pasa nada, ya me había acostumbrado. Pero lo que ya no podía esperar es que todos nosotros éramos sin saberlo competidores. Tendríamos que subir y luchar por un lugar, como al juego de la silla. Es decir, “tonto el último”. De nuevo increíble, hay menos sillas que viajeros. Tiene gracia el relato pero al vivirlo es una experiencia muy desagradable, sentirte tan mal tratado por una empresa del calado de Renfe.
Indignación, sorpresa, impotencia, rabia, agotamiento...no sé cómo más se puede describir. El empleado de seguridad pasando por los vagones y sacando fotos que mandaba a su manager porque empatizaba con todos nosotros y tenía dignidad. Murmullos intentando organizarnos para una reclamación conjunta pero que al final no llegó a término. Señores de Renfe, no sé de quién será la responsabilidad pero es inadmisible que presten el servicio como yo lo acabo de vivir. No somos ganado, somos viajeros, personas con todas nuestras circunstancias de viaje, cansados del viaje y deseosos de llegar a nuestros destinos en tiempo y, desde luego, en forma.
Los señores de Renfe solo se valen de que la capacidad de organizarnos es débil pero, por favor, dejen de vender una imagen de empresa moderna, que piensa en el viajero, porque faltan a la verdad. No me extraña que la competencia, de seguir así, los arrolle.
Susana Bozal Viguria