Control de precios del alquiler: infantil e inútil

Publicado el 12/05/2024 a las 05:00
Cómo no se nos habría ocurrido antes? Por ejemplo, haber aplicado hace unos 500 o 600 años un control de precios al alquiler y, de este modo, habríamos solventado de un plumazo el histórico problema del precio. Ridículo, ¿verdad? Sin embargo, esta es la premisa que guía a las autoridades nacionales y forales desde hace unos años.
Entre los numerosos errores que contiene esta medida, el más obvio y grave es el de confundir el síntoma con el problema. ¡Ojo que no es poco! Las subidas de precio son el síntoma del problema. La falta de oferta es la causa. Como siempre en economía, todo radica en la oferta y la demanda. Es decir, existe muy poca oferta de pisos en alquiler para la enorme demanda que tenemos, que además es creciente por las nuevas formas de vida de los jóvenes y su movilidad.
Eso sí, desde el punto de vista mediático y popular, los dos pilares de la política actual, con esta medida pareciera que los gobiernos “han tomado medidas” y en lo posible “favoreciendo a los más débiles a costa de los poderosos”. Imbatible mediáticamente. Pero la tozuda realidad nos demuestra que cuando infantilmente intentamos controlar los precios provocamos dos efectos en este mercado: el desabastecimiento actual o falta de oferta y la generación de un mercado negro. Esto ha pasado desde los Sumerios hasta los Kirchner.
En el corto plazo, esta intervención ha provocado que cada vez menos propietarios quieran poner su piso en alquiler en el mercado y, en consecuencia, el precio de los escasos inmuebles que se ofrecen haya subido como la espuma. Incluso muchos de esos propietarios prefieren no alquilarlos, tenerlos vacíos o directamente venderlos. Llegados a este punto habría que preguntarse, ¿por qué un propietario, que con mucho esfuerzo ha ahorrado el dinero para comprarse un piso, prefiere no alquilarlo y renunciar de este modo al ingreso que le supondría?
¿Qué necesita un propietario para alquilar su inmueble? Principalmente, seguridad jurídica: una ley que le permita no esperar doce meses para poder desalojar a un inquilino moroso, disponer de la capacidad para dar de baja los suministros si alguien “okupa” su vivienda y no tener que pagar los consumos del okupa (pedir este término es surrealista). En definitiva, algo tan básico como que la ley proteja la propiedad privada y por ende su ahorro.
Hemos llegado a un punto en el que necesitamos defender la propiedad privada, uno de los pilares del sistema que nos ha traído prosperidad. Solo así lograremos que los propietarios se animen a poner en el mercado de alquiler las viviendas, porque la pavorosa alternativa que ciertos partidos plantean de sacarlas “a la fuerza2 como ya intentó el Gobierno de Navarra en 2020 es un ataque a la propiedad privada digno de otros tiempos y otras latitudes.
En el medio y largo plazo, por aquello de la oferta y la demanda, debemos favorecer la construcción de más viviendas para su alquiler. Y sí, del mismo modo que las empresas construyen para vender tenemos que permitir que el sector construya para alquilar. En ese aspecto, el papel de las autoridades debería ser proteger a ambas partes, dueño e inquilino y, sobre todo, asegurarse de que las empresas compitan para ofrecer los precios más bajos posibles. Solo así tendremos alquileres asequibles asegurando los básicos principios de la economía: oferta, demanda y competencia en el mercado.
No es difícil de entender que las empresas especialistas en ese ámbito sean más eficientes en la gestión de los alquileres. Principalmente porque disponen de una amplia cartera con la que diluir los gastos de gestión, el riesgo intrínseco a cada inmueble y aprovechan la capacidad de los edificios. Las circunstancias vitales y laborales de las nuevas generaciones les hacen demandar alquileres a veces de corta duración y moverse entre distintas ciudades, y para eso las compañías especializadas son indudablemente mejores que un propietario individual que busca un inquilino a largo plazo.
Por lo tanto, no quieran maquillar los precios del alquiler de manera burda, dado que sólo conseguirán una menor oferta de pisos disponibles. Ofrezcan seguridad cierta a los propietarios y hagan competir a las empresas de alquiler. Sólo así conseguiremos que bajen los precios. Como en todos los mercados, vamos.
Alvaro Bañón Irujo. Economista y Profesor de la Universidad de Navarra