"A San Miguel no lo reciben en algunos lugares, pero tampoco lo amenazan, mas imagino que el cambio climático lo tiene que tener tan sorprendido como a muchos de nosotros"

Publicado el 18/04/2024 a las 05:00
Tras unos días entre los pamploneses, se nos fue San Miguel de Aralar. Y lo hizo a pleno sol, quizás porque quería ver verdes y florecidos nuestros jardines sin oscuras nubes ni molesta lluvia. Un poco asombrado si tenía que estar, porque como los castizos del lugar salen a recibirlo paraguas en mano aunque el cielo luzca espléndidamente azul y también ese día lo utilizaron, él creería que su visita sería como siempre, ¿no oímos ya desde niños decir que el arcángel venía trayendo la necesaria lluvia para nuestros campos?
Pero este año fue sorprendido con un cielo sin nubes y el calorcillo reinante y lo disfrutó como todos nosotros, olvidando tal vez su misión de cada año: regar los campos. Aunque realmente, ¿necesitan estos más agua con la que ha caído últimamente? Los pantanos navarros tienen ya la suficiente. Han aumentado sus reservas, así que quedan lejos aquellos tiempos en que se decía que en algunos pueblos dejaban descender hasta el río al santo de su devoción, bien amarrado con una cuerda para evitar males mayores, y lo amenazaban gritando: San Fulanito, o santa Menganita, o chapuzón o remojón, tu escoges.
A San Miguel no lo reciben en algunos lugares, pero tampoco lo amenazan, mas imagino que el cambio climático lo tiene que tener tan sorprendido como a muchos de nosotros ¡visitar Pamplona sin lluvia! Tiene además que ser fascinante salir de su santuario con nieve y terminar su recorrido entre los cantos y saludos de sus fieles, ataviados con livianas camisetas. Y serán pocas, muy pocas, las veces que se ha despedido de Pamplona en una mañana de sol.
Adiós Miguel, hasta el año que viene si antes no te visitamos en tu santuario de Aralar, casi siempre oculto por la niebla pero contigo en él, llueva o luzca el sol.