"Esperé a escribirle la columna a la primavera por si finalmente no llegaba, pero aquí está. Hemos vencido y hay que celebrarlo"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 17/04/2024 a las 05:00

Ha llegado la primavera. Las rotondas de Madrid ya parecen las tablas de Daimiel y el Retiro, el lago Turkana con barquitas. Los chicos se besan como si se fueran a gastar los labios. Quien sobrevive a febrero, vive un año más y no sabemos cómo ha sido, pero ya estamos terminando abril, que transita sobre un eco de volantes, de toreros de Sevilla, de flores en las cunetas y luz del cielo de farolillos como de la tercera guerra mundial.

Últimamente no me da tiempo a ir a los toros demasiado, así que pienso las faenas y las veo con los ojos de los otros que me las cuentan, como en una memoria prestada en la que los toros se arrancan de largo a los caballo de la imaginación. Me cuenta Etxebe que ha ido con los de Artajona a la Maestranza y es como si viera torear a Ginés Marín cambiando al toro de mano, encadenando el de pecho con un natural larguísimo, dejando atrás la pierna derecha y estirando el muletazo con la mano izquierda en un remate infinito detrás de la cadera. No sé si ha sucedido, ni me importa, pues juro que pasó en mi cabeza y hay un momento de la vida en el que uno ya vive recordando.

Me andan por aquí otras cosas que sí pasaron, el Santo Sepulcro vacío, Jerusalén abandonada y aquella mañana en los Altos del Golán en la que escuchábamos volar los fierros por el cielo y sonaba la tierra como un tambor de sequías. Del niño de Kfar Aza que llamaba a su madre mientras un terrorista de Hamás se abría un refresco en la cocina de su casa. Del triciclo de los hermanos Bibas abandonado en la puerta de la casa. De la sangre, del miedo, del olor y de lo que vino después. De ver y escuchar. Vengo a poner en negro sobre blanco el frío, la noche, la oscuridad, el espanto, la desesperación y las anochecidas a las cuatro de la tarde y vengo a certificarlo ahora que se vienen los días mejores, de vísperas de las fiestas, de escaleras, de nervios y de carreras en el parque pensando en La Cuesta y en si este año seremos capaces. Esperé a escribirle la columna a la primavera por si finalmente no llegaba, pero aquí está. Hemos vencido y hay que celebrarlo.

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