"Bicicletas"

Actualizado el 07/04/2024 a las 10:40
Quienes presenciaron la etapa de la Itzulia de este jueves se habrán percatado de la cara oscura de la bicicleta, ese vehículo amable que tan pronto te crea la sensación de libertad como te hace morder el polvo sin contemplaciones. Fue bajando el alto de Gaztaga, a la salida de una curva cerrada, cuando varios de los favoritos perdieron el control de sus monturas y dieron con sus huesos en una acequia, con suerte desigual: unos, rotura de clavícula; otros, de vértebras. Nada que no puedan arreglar unos cuantos meses de hospitales y cirugías. Era cosa de verlos, saliendo mansamente de la carretera uno a uno y encarando el hormigón de las cunetas previo vuelo en picado hasta quedar tendidos en el suelo, hombres y bicis, en un cuadro que bien podría describirse, esta vez sí, como dantesco. Ah, las bicicletas. Los inocentes, bucólicos y adorables vehículos de dos ruedas que de tan buena reputación gozan entre niños y mayores. Puede que el filósofo Marc Augé estuviera en lo cierto cuando sostenía que el ciclismo es un humanismo. Pero no todas las bicis cruzan campos de amapolas con fondo musical de violines ni descansan plácidamente en la puerta de un hotel rural con encanto a la espera de un ‘influencer’ que las plasme en su álbum cuqui de Instagram. Las hay también crueles, como las que vemos venir por la acera montadas por kamikazes, o temerarias, como las que desafían a los camiones desde el arcén, o directamente mortíferas, como las que sufren los numerosos atropellos cuyas víctimas ya no podrán venir a contarnos. Las bicis matan. No estaría de sobra que esta cultura del miedo, tan fascinada por las amenazas de todo tipo, reservara un pequeño hueco a la bicicleta considerada como arma peligrosa. Aunque las bicis cuenten con el aval de la nostalgia de los sueños infantiles, y a su favor jueguen asimismo la utopía ecológica, la aureola deportiva y cierta estética urbanocampestre, democrática y juvenil, conviene no olvidar que a veces las carga el diablo. Jonas Vingegaard, Primoz Roglic, Remco Evenepoel: parece el pódium de un Tour de Francia, pero es el principio de una lista de bajas en una tarde negra en la que las bicicletas volvieron a sublevarse contra la leyenda de su inocencia.