"Madre de corredores"

Publicado el 03/04/2024 a las 05:00
Me ha llegado un whatsapp de Marcela y Rafa de la Librería Abartzuza de la Cuesta de Santo Domingo diciendo que cierran el 16 de mayo. En la librería sucedía toda la Cuesta como en interiores. Estamos hablando del corazón íntimo del encierro, más incluso que la hornacina que por momentos se ha vuelto un tanto teatral. El de la librería es un encierro íntimo, un encierro para dentro, compartido en matices, intimidades nunca contadas, soledades y boceto de oraciones en silencio. Entrando, a la izquierda, se formaba la cola de un baño que tanto se necesita en esos trances. Al fondo se sentaban algunos corredores experimentados, refugiados bajo techo, protegidos no sé de qué ni cómo, pero instaladas en una seguridad descabellada que, sin embargo, era tan cierta. Estoy viendo a Sergio con la cara hundida en las palmas de unas manos profundas y leñosas como las de un aceitunero y Juanpe oliendo a réflex, resoplando como una locomotora, blanco, estático y brillante como la réplica de plástico de una catedral de Castilla. Andaban por allí los chavales tan serios… Porque ahora los chavales del encierro se han puesto más serios que un guardia, y hay que contarles chistes, a poder ser guarros, para que se rían un poco, pues el encierro acojona, pero no deja de ser parte de una fiesta. En la cajonera azul se guardaba lo que quiera dejar cada uno: el reloj, el cinturón, un teléfono, una cadena. Nunca faltó nada. Si acaso faltaba la gente cuando había cogida, y después del encierro un teléfono abandonado sonaba como una interrogación y nadie lo cogía. Sobre esos abismos actuaba la presencia de Marcela que extendía sobre nuestras negruras un cariño incondicional que aliviaba sin estridencias, numeritos ni otras demostraciones, pues en Abartzuza nunca hubo nada que demostrar y ese quizás fuera su secreto. Un día que andaba lisiado entré en la librería a las ocho menos un minuto y vi a Marcela sola, de pie en un vacío de libros y cuentos infantiles, tapándose la cara como si no quisiera ver lo que allí iba a pasar. Antes del encierro estamos tan solos habiendo tanta gente, pero al menos contábamos con el desvelo sencillo de Marcela, y ya no. A ver qué hacemos.