"En tanto, Pablo Iglesias abría una taberna en Lavapiés para asaltar la barra, pues los cielos no quedan a su alcance"

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 24/03/2024 a las 10:34

A veces los articulistas sobrevaloramos nuestra capacidad de influencia. Es famoso aquel columnista que comenzó su texto del siguiente modo: “Este es mi tercer y último aviso al Pentágono…”. El domingo pasado este juntaletras rememoraba el 11M y expresaba su deseo de que las heridas abiertas entonces cauterizaran. Obviamente, la clase política no me ha hecho caso. No volveré repetirlo. La semanita ha sido un muestrario de despropósitos antidemocráticos. El Congreso y el Senado se transformaban en baretos a las tres de la mañana, hora bruja en que se calientan los morros, sujétame el cubata y te espero fuera. En tanto, Pablo Iglesias abría una taberna en Lavapiés para asaltar la barra, pues los cielos no quedan a su alcance. Lavapiés fue barrio de zarzuela, yonkis y perros sin dueño, pero desde hace tiempo es una mezcla de olor a curry, sándalo y porro dizque revolucionario, algo que los suplementos dominicales encuentran muy chic. Los anarquistas ya han avisado al “exbiceministro” (sic) para que retire de la carta el “cóctel Durruti”, pues es el nombre de su más querido criminal de guerra. Así las cosas, ambas cámaras combinaban el escenario de barra brava y ponme la última con un plató de televisión, donde novios y esposas entraban en escena, como chismes de un “Aquí hay tomate” o cosa similar. Las formas del periodismo deportivo más chusco y del peor chismorreo televisivo se han trasladado a la política. Por estirar todo esto hacia el absurdo, sólo falta que alguien descubra, por ejemplo, que Ayuso y su novio se conocieron en la misma discoteca donde Koldo pedía el DNI. No resulta difícil imaginar a Miguel Ángel Rodríguez y Óscar Puente como Buñuel y compañía cuando salían por Toledo y un coro de niños les seguía mientras gritaba: “¡Se van de putas, se van de putas!”. La política es el arte de lo imposible, salvo para quienes se sorprenden de que Asiron reciba el relevo de una korrika que comenzó con un homenaje al asesino de dos trabajadores ecuatorianos. Nos está quedando un país precioso.

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