Contradicciones tramposas

thumb

Luis Arbea

Publicado el 22/03/2024 a las 05:00

Vivimos en un mundo lleno de contradicciones, nadie lo puede negar. Son infinitas las situaciones y sus contrarias que se manifiestan al mismo tiempo y salpican nuestro día a día. Tan cercanas y generalizadas que nadie se escandalizaría si dijéramos que la contradicción es una manera de ser de nuestra propia realidad. Una realidad que discurre en permanente ambivalencia entre dos dimensiones opuestas y complementarias. La botella medio vacía y también medio llena, esa llave que sirve para abrir esperanzas y a la vez para cerrarlas. Las dos caras de la misma moneda, esa naturaleza bipolar tan radicalmente nuestra, nacemos con ella bajo el brazo: nada más llegar al mundo empiezo a vivir y al mismo tiempo a morir. Y crecemos y nos hacemos viejos sin dejar de exhibir este tan humano ramalazo esquizofrénico. Somos seres contradictorios por naturaleza. ¡Cuántas veces decimos Diego donde dijimos digo! ¡Cuántas veces actuamos lo contrario de lo que sentimos y pensamos! ¡Cuántas veces muchos de nosotros que vamos de puros nos avergonzamos públicamente de la alabanza mientras la mendigamos en secreto!

Somos así, ¡qué le vamos a hacer!, aunque si la vida es contradictoria y cambiante parece lógico y razonable que asimismo nos manifestemos contradictorios y vayamos ajustando y cambiando nuestra manera de entenderla. Puro sentido común, somos vida. Que aún va a resultar sensato aquello de que cambiar de opinión es de sabios. Pero es que, además, de la mano de Hegel podríamos afirmar que la oposición interna de las cosas (la contradicción en última instancia) es el motor del pensamiento ya que la dialéctica entre contrarios puede resultar un excelente camino para llegar a la verdad que no estaría precisamente en las posturas extremas y radicales. Una gran posibilidad, las dos caras de la moneda colaborando en la búsqueda de la verdad. Otra sugerente reflexión.

Sin embargo, a pesar de que, como acabamos de ver, las contradicciones no son antinaturales (siempre estarán presentes) ni mucho menos como para demonizarnos (muchas de ella nos pueden ayudar a mejor situarnos en la vida), existen otras menos piadosas que chirrían y resultan inadmisibles: las tramposas. Excesivamente presentes en los últimos tiempos dentro del ámbito parlamentario defendiendo lo indefendible y justificando lo injustificable avaladas por una más que dudosa (¿legítima?) aspiración de conseguir o mantener el poder. Flagrantes, primas hermanas de la mentira, incoherencias que rozan el cinismo. Muy fuerte. Tal vez se trate de una herramienta inevitable en el juego político. Tal vez siempre ha sido así y tal vez tenga que ser así, pero llega un momento que al ciudadano medio nos descoloca y hastía y acaba abocándonos a una peligrosa desconfianza en nuestros representantes públicos y en las instituciones que representan. Sin duda, algo nada recomendable para el mantenimiento y mejora de nuestra titubeante democracia en la que una gran mayoría todavía creemos.

Una distancia y un descreimiento que nos puede llevar a un tan indeseado como inevitable escepticismo, aunque el nuestro no nos debería alarmar pues se trata de un escepticismo inteligente, sano, casi virtuoso: por un lado, se comprometería a desarrollar una mayor conciencia crítica que nos ayudara a rechazar con mayor objetividad esa plaga de bulos mediáticos y todas las contradicciones tramposas que nos llueven desde todos los ángulos del espectro político y pasar olímpicamente de su sibilino juego manipulador. Y por otro, a apoyar y situarnos cercanos a todo lo que huela a ética y autenticidad. Pura sensatez. No cambiaríamos el mundo, ¡una pena!, pero estoy convencido de que nos iría mejor como ciudadanos y posiblemente nos sentiríamos más libres, validando aquello que un resignado pero esperanzado León Felipe ilusionaba: “quizás se esté muriendo el pueblo, pero no el hombre”.

Luis Arbea Aranguren. Psicólogo y filósofo.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora