La carrera electoral de Estados Unidos

Publicado el 15/01/2024 a las 05:00
Estados Unidos se pone este lunes formalmente en modo electoral ante las presidenciales del 5 de noviembre con los ‘caucus’ de Iowa , que dan el pistoletazo de salida a las primarias en las que el Partido Republicano nombrará a su candidato. Un proceso en el que Donald Trump parte como indiscutible favorito pese a sus cuatro imputaciones penales por 91 presuntos delitos. Entre ellos, el asalto al Capitolio de una turba violenta en un intento de subvertir los resultados de las urnas e impedir la proclamación de Joe Biden, y a cuyos integrantes ha calificado de “patriotas” y prometido indultar. Lejos de erosionarle las cuentas pendientes con la Justicia, el magnate las ha vuelto a su favor con un burdo victimismo a costa de cuestionar gratuitamente los fundamentos de la mayor democracia del mundo, para cuya salud su regreso a la Casa Blanca representa una amenaza objetiva tras haber sido sometida a exigentes pruebas de resistencia en su primer mandato.
EE UU es un país sacudido por la crispación en el que el populismo de brocha gorda de Trump ha contaminado las filas republicanas. Su ventaja en las encuestas respecto a los demás aspirantes es tan abrumadora que los ha despreciado negándose a debatir. Entre ellos sobresalen Nikkei Haley, exembajadora ante la ONU, y Ron DeSantis, gobernador de Florida. Es posible que cualquiera de los dos tuviera más posibilidades de derrotar a Biden al suscitar menos rechazo entre el voto moderado y, por tanto, no movilizar de rebote al electorado progresista por temor a una involución, como en 2020. Pero su triunfo en las primarías sería una mayúscula sorpresa.
Si Trump, cuya candidatura en varios estados está en manos del Supremo, suscita sentimientos radicales a favor y en contra, Biden tampoco despierta entusiasmos. Su avanzada edad es un lastre y ha perdido apoyos por la elevada inflación y el desapego de jóvenes y demócratas críticos con su política migratoria o el apoyo a Israel. Aún así, su nominación parece asegurada. Está por ver si el discurso en el que se presenta como garante de la democracia pesa más que los hándicaps que arrastra.