"Las metas para el año que empieza deberían ser pocas, modestas y manejables"

Actualizado el 07/01/2024 a las 10:22
Estos días millones y millones de personas andarán planeando cambios para el año recién estrenado. Como el pasado, y el anterior. El salto de un año a otro año es tiempo de quimeras porque, así como al cuerpo se le obsequia con los placeres de la mesa, a la mente hay que ilusionarla con alguna fantasía de futuro aunque sólo sea para que no se venga abajo ante el panorama de doce nuevos meses cargados de incertidumbre. Pero conviene recelar de los arrebatos. No es que debamos empezar el calendario ya derrotados, pensando que somos incorregibles y que nada de lo que estamos decididos a enmendar dará resultado; simplemente hace falta plantearse metas proporcionadas. “Aut nunquam temptes, aut perfice”, aconsejaba Ovidio: no intentes nada que no estés dispuesto a seguir hasta el final. La voluntad no actúa mediante explosivos golpes de efecto, sino con la parsimonia del día a día. A la vez que fabricamos propósitos es necesario urdir la estrategia para llevarlos a efecto con éxito. Y eso empieza por medir las propias posibilidades. Resulta cómica la imagen de esos individuos que no han hecho deporte en su vida y que de pronto se compran bicicletas de alta competición para echarse a la carretera enfundados en un maillot de profesional. El consejo ignaciano de no hacer mudanza en tiempos de tribulación adquiere más valor si cabe en estos días proclives a la enajenación mental, cuando se vive en un cierto estado de excepción que oscila entre el entusiasmo y el examen de conciencia, pasando por la sobrevaloración de las propias posibilidades. Quizás en el ambiente se respire más alegría y con ella más optimismo, que siempre vienen bien como carburante para ponernos en marcha, pero en contrapartida la imaginación se desboca y nos hace perder el control de nuestras decisiones. Así que las metas para el año que empieza deberían ser pocas, modestas y manejables; el sensato deja los grandes cambios para ocasiones donde domine la serenidad. El aburrimiento tampoco es mal ambiente para hacer planes. En vez de decidir al dictado de las muy motivadoras burbujas y las estimulantes panderetas, es preferible aguardar a que se impongan el autocontrol y la perseverancia. Que tengan un buen año.