Es la productividad, doña Yolanda

Publicado el 30/12/2023 a las 05:00
Estos días se está polemizando sobre la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Para empezar, hay que entender el mercado del trabajo como un mercado más. Entiendo que para algunos hablar del mercado es mentar a la bicha, y que quieren regularlo todo, pero aquí debemos recordar los resultados que han dado los totalitarismos en la historia (me da igual de derechas o de izquierdas). Siempre han acabado en la represión violenta del ciudadano. Así pues, partimos del mercado. Éste tiene dos variables claras; una por la parte de la demanda de empleo que es la productividad, ofrecida por el trabajador. Esta es la capacidad de generar valor, y depende de su capacidad, formación, talento innato, los medios que tenga para la producción, etc. Por ejemplo, un ingeniero aeroespacial en un viñedo de Azagra podrá hacer grandes cosas pero no se lo van a rifar mis vecinos agricultores para ficharlo. Y ahí introducimos la oferta, que es el sueldo que le pagarán. Por mucho que nuestro ingeniero muestre su máster en el MIT aquí no va a lograr un gran salario, que es el pago por su trabajo. Es decir, vemos que la productividad está ligada al salario, como la demanda de empleo lo está a la oferta. Si una ley dice que un ingeniero como el nuestro debe ganar por lo menos 5.000€ al mes, nos puede parecer bien a todos pero en mi pueblo no va a trabajar.
Y ahora un poco de historia reciente. A comienzos del milenio en España hubo una burbuja inmobiliaria que provocó que se construyeran más casas que media Europa junta. Este arreón vino propiciado por la subida de precios, que provocó la aparición de cientos de empresas que reclamaban miles de trabajadores. Para atraerlos se subieron los sueldos muy por encima de la productividad (que por cierto fue descendente en aquellos años). Todo lo sostenía la facturación exuberante y unos beneficios crecientes hasta que explotó. A partir de ese momento vino el ajuste bestial del sector. En ese momento me llamaron para ayudar a una empresa constructora con una fuerte caída en su facturación y que había tenido un incremento de costes salariales del 15% en tres años derivados de los convenios colectivos sectoriales. Es decir, unos costes laborales inflados en los años previos y la obligación de incrementarlos por mandamiento de la negociación colectiva. Me reuní con los socios y lo primero que les hice fue bajar el sueldo a la mitad. Después del primer diagnóstico me reuní con los trabajadores para mostrarles la situación y recomendarles, entre otras medidas, una bajada de sueldos del 30%. Tengo que reconocer que tuve miedo al soltar semejante noticia, pero era mi obligación. Recortando no se ha salvado nadie, hace falta mejorar los ingresos, pero este es otro tema, centrémonos en los salarios y la productividad. El salario de un trabajador es alto o bajo según sea su productividad. Y además, hay otros factores como las modas sectoriales, crisis, escasez de trabajadores especializados, etc, que influyen en el salario. Cristiano Ronaldo gana 260 millones al año y puede ser barato si resulta rentable. Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, contaba que cuando acabó la carrera de finanzas se ofreció a trabajar con su maestro y 'broker' bursátil Benjamín Graham. Cuando le dijo que estaba dispuesto a trabajar gratis, su mentor le agradeció el gesto pero le dijo que se le hacía demasiado caro, que fuera dos años a trabajar a otros bancos de inversión y volviera después. Esto que parece una broma no lo es tanto si se tiene en cuenta que al aprendiz hay que convertirle en profesional y eso tiene un coste. Así las cosas, si elevar el SMI fuera la solución todo sería muy fácil, pongamos un mínimo de 2.500 € al mes (como el de Luxemburgo) y ya está. ¿Por qué no? Esto no se hace porque implicaría una barrera de entrada a muchos trabajadores que no tienen una productividad mínima. Ahora recuerdo un cartel que decía “Perdone patrón por no ser tan productivo como su codicia”. Qué mal rollo da eso de la lucha de clases y cuánto daño sigue haciendo. Si queremos que la gente gane más hay que, por ejemplo, invertir en formación que tenga ofertas de empleo atractivas. Pero claro, eso cuesta muchísimo más que publicar una ley y poner una cifra hermosa con la que supuestamente regar de dinero caído del cielo al ciudadano.
Carlos Medrano es economista en 'www.eximiaconsultores.com'