"A diferencia de lo que hoy se estila en la política, Alfonso Guerra todavía tiene sentido del humor, es socarrón incluso de viejo"

Publicado el 26/11/2023 a las 12:33
Pasó Alfonso Guerra por El hormiguero, y hasta las hormigas estaban un poco nerviosas, menos faltonas que de costumbre, como si el personaje todavía infundiera aquel respeto y temor de otras épocas, cuando era alguien que parecía manejar todo los hilos. Lo cierto es que su presencia fue un éxito, aunque todo lo que pasa por el programa lo es, y a mi juicio fue porque, a diferencia de lo que hoy se estila en la política, Guerra todavía tiene sentido del humor, es socarrón incluso de viejo, y es capaz de dar vuelta a las palabras, teñirlas de ironía, y rematar con un chiste. No tenemos ya políticos con sentido del humor, lo que es un síntoma de lo que ocurre; la política actual es hosca, enfrentada, sin matiz, literal, sin la tregua que da un poco de humor que permite distanciarse, ser certero y ocurrente, reírse un poco, sobre todo de uno mismo. El humor, además, es una forma infalible de colar un mensaje. El último político con humor fue Rajoy, pero Zapatero y no digamos Sánchez nunca nos han sacado una sonrisa, aunque sea una sonrisa forzada, no salen de la solemnidad que los acompaña por todas partes, como la niebla al fondo del valle. El humor es siempre el antídoto de la retórica vacía, de la falsedad, de la impostura. Hubo un tiempo en que el humor era de izquierdas, rebelde, corrosivo, pero hoy la izquierda es lo correcto y ha perdido la gracia. El humor de Guerra era muchas veces hosco, de brocha gorda, incluso insultante, compensado con su frugalidad y su aire triste. Con los años se ha refinado, como suele ocurrir. Hoy aparece en la tele como un hombre sensato, preocupado por la deriva de su partido, aunque algunos barros de hoy vienen de su época, pues a él se deben cosas como el control político de los jueces -Montesquieu ha muerto, se ufanaba- o aquella advertencia de que el que se mueve no se sale en la foto, tan premonitoria. Como toda larga biografía no está libre de culpas, de luces y sombras, pero hoy, hablando de Machado y tiñendo de ironía su desencanto, es como si trajera algo de esperanza.