"Hijo"

Publicado el 13/11/2023 a las 05:00
Por una triste casualidad estuve el lunes pasado en Urbasa, cuando un hombre abrazado a su hijo se tiró al abismo en los cortados de la sierra, desde el llamado balcón de Pilatos. Era una mañana bellísima, con el otoño casi en su esplendor que cubría los árboles apretados de naranjas, ocres y rojos, y en los rasos que se extienden a lo lejos, creando un paisaje de gran serenidad, se veían los charcos que habían dejado los días de lluvia, y que ahora brillaban bajo el sol. El día, muy frío, había aclarado y era una delicia ir por el borde la sierra viendo el panorama, el cortado sobre el nacedero del Urederra, los buitres volando enfrente, el puerto de Baquedano, los restos de dólmenes que dan fe de un pasado remoto. Luego entré en el bosque, anduve un trecho, olí una seta, escuché un pájaro, recordé un día lejano y me comí para terminar un plátano junto a un corral de ovejas. Ya de vuelta, volví a recorrer el alto relieve de la sierra, la balconada desde la que se ve el dilatado paisaje y se escucha el agua del río allá abajo, cerca del lugar desde el que, sin yo saberlo, apenas unas horas antes todo había ocurrido. La naturaleza es ajena a nuestros dramas y desventuras. Permanece impávida e inconmovible. No sabe que la muerte de un niño desafía la lógica y el sentido. Sigue a lo suyo. El escritor portugues Miguel Torga, que también era médico, cuenta en su diario la muerte de un niño y recuerda una plantación de lino que vio sembrar a su padre, y que en la siguiente visita al pueblo no estaba, ya lo habían recogido. Durante los cortos meses que la naturaleza determina, escribe, la planta le saca al sol todo el calor que puede, se llena de él y luego muere. Pero ese niño al que asiste en vano apenas empezaba a sentir el sol. No tenía la flor azul y delicada, ni la semilla parda y madura del lino en sazón. En aquella habitación, dice Torga, tuve la sensación más dolorosa de mi vida. No hay palabras que puedan decirse a una madre que ha entregado a la vida un hijo vivo, añade, y la vida le devuelve un hijo muerto.