"Una complejidad imposible"

Publicado el 14/10/2023 a las 05:00
Las reuniones que el candidato socialista Pedro Sánchez mantuvo ayer con la portavoz en el Congreso de EH Bildu, dando lugar a la bochornosa imagen de ser el primer presidente en recibir a la izquierda abertzale como un primer pago por su apoyo, y con la de Junts, atestiguan hasta qué punto del presidente en funciones está en lo cierto cuando califica de “complejas” las negociaciones a las que se enfrenta. Necesita atender un sinfín de demandas de diverso orden que no son nada fáciles de conciliar. La estrategia de Sánchez de procurarse la reelección enfriando en el transcurso de la semanas las demandas iniciales de los grupos parlamentarios cuyo apoyo requiere podría funcionar hasta cierto punto. La sola eventualidad de una repetición electoral genera en casi todos ellos mucha más inquietud. Pero el problema que se enfrentan Junts, ERC, el PNV y Bildu es que saben que el Gobierno de España no cuenta ni con la capacidad financiera, ni con la ductilidad identitaria, ni con la maleabilidad competencial como para conceder a cada cual aquello que pueda saciarle sin suscitar agravios entre el resto de los posibles aliados para la legislatura y en aquellos territorios o sectores sociales que vean en la operación un dislate injusto. Así, el momento crucial de las negociaciones se encuentra en ese punto en el que las partes acordarán mostrarse muy poco explícitas en cuanto al contenido de sus acuerdos posibles y acabarán por consignar en el secreto de un pacto aquello que aflorará en el transcurso de la legislatura, siempre que esta eche a andar. La sola idea de la amnistía abre espacio a la exoneración de los crímenes de ETA. La perspectiva de una revisión plebiscitaria del autogobierno catalán al margen de lo instaurado genera expectativas en Euskadi. La reforma del modelo de financiación de las autonomías a partir de las exigencias de ERC y Junts podría trastocar el sistema para el resto de las comunidades. Sánchez debiera ser consciente de que se enfrenta una complejidad imposible, más allá del propio debate ético y moral, que acaso podría conseguir salvar para la investidura (y veremos a qué precio) y poco más. Es evidente que pensar en gobernar en estas condiciones será una tarea imposible.