Entre bromas y veras, se empieza a extender otro término que ya ha hecho fortuna en Iberoamérica: "opinólogo"

thumb

José María Romera

Actualizado el 15/10/2023 a las 10:38

Allá por los 90 del siglo pasado, en Italia dieron en llamar tuttologo al comunicador capaz de pronunciarse sobre cualquier cosa que le pusieran delante, tan pronto en una conferencia o en el fragor de una tertulia radiofónica como en la prosa de una tribuna de periódico, de un folleto o de un libro. Era, claro está, un neologismo malicioso creado con intención crítica para denunciar el descaro intelectual de los nuevos profesionales de la opinión. El castellano no tardaría en adoptar la traducción literal del término -"todólogo"-, que lleva camino de desplazar a los clásicos "sabelotodo", "pedante", "fatuo", "listillo" o "sabihondo / sabiondo", que de ambas formas puede escribirse. El todólogo es lo opuesto al especialista: alguien acostumbrado a hablar con la misma apariencia de autoridad acerca del cambio climático, el precio del aceite, la guerra de Gaza, la Inteligencia Artificial, el encaje de la amnistía en la Constitución, el salario mínimo, el coche eléctrico, la plaga de chinches, el cine documental o los carriles-bici. Los usos comunicativos traídos por la tecnología digital han ampliado la variedad en la especie, de modo que al tuliano y al columnista clásicos se le han añadido influencers, bloggers, youtubers y tuiteros y otros tipos de todólogo de nueva generación. Entre bromas y veras, se empieza a extender otro término que ya ha hecho fortuna en Iberoamérica: "opinólogo", que viene a ser el que tiene por oficio opinar de cualquier cosa sin necesidad de acreditar el menor conocimiento sobre la materia de que se trate, o incluso jactándose de ello, con las solas armas de la pasión y de la labia. Es la tendencia de la época. En su desopilante programa de radio de los viernes, el gran Ortega entrevistaba el otro día al personaje imaginario de una mujer condenada al aislamiento social y familiar por haberse declarado incapaz de manifestar opinión alguna sobre ningún tema. Todos le habían hecho el vacío. En su círculo la tenían por provocadora, y fuera de él por subversiva. Pero había algo en ella que la hacía simpática. Tal vez porque hay temporadas en las que lo mejor sería haber perdido la facultad de opinar, y permanecer en silencio entre la algarabía de los opinólogos sobreexcitados.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora