El verano pasado fueron unos pinchazos en las discotecas y este un descuartizamiento en Tailandia

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José María Romera

Actualizado el 21/08/2023 a las 06:00

Para resolver el conflicto que se planteaba entre la sequía informativa propia de estas fechas y la avidez permanente de noticias sensacionales, el periodismo de antaño ideó las llamadas ‘serpientes de verano’. Eran piezas intrascendentes con apariencia de actualidad estrepitosa fabricadas unas veces a base de bulos y mitos, y sacadas otras de una cotidianidad disparatada lindante con lo lisérgico. Ahí tenían cabida desde el improbable monstruo del lago Ness hasta la vaca de cinco patas o el calabacín de tamaño descomunal, y desde un avistamiento de ovnis hasta los percances de capea en fiestas populares. Este tipo de productos dejó de tener sentido cuando el mundo fue cogiendo velocidad y decidió no hacer paradas en verano. Un mundo 24/7 no precisa recurrir a Nessies porque un día cualquiera de agosto te puede despertar con el procesamiento de Trump, acompañarte en el desayuno con un pavoroso incendio en Tenerife, seguir con la investidura de la presidenta regional para acto seguido servirte la constitución del Congreso de la nación, pasar a otro bombardeo en Leópolis y darte las buenas noches con la trágica muerte de decenas de inmigrantes en el océano. Sin embargo el verano, que es la estación de la nostalgia, se empeña en recuperar los viejos hábitos como quien vuelve a las canciones de juventud de arena y olas. En medio de la vorágine de sucesos, el universo de la actualidad parece orbitar en torno a unos pocos que vienen a representar la versión actualizada de las viejas serpientes estivales. Esta vez el magnetismo ha provenido de dos acontecimientos (uno, trivial; el otro, no por espeluznante menos anecdótico) que se imponen en la agenda informativa eclipsando todo lo demás. Que la vocalista de una banda haga ‘top-less’ en el escenario y que un tipo descuartice a otro son hechos que pueden causar cierta impresión inicial, pero no parece que vayan a afectar decisivamente a nuestras vidas. Solo el efecto serpiente explica que los medios se hayan aplicado a ellos con tanta dedicación. Bueno, algo hemos avanzado en tensión informativa veraniega: el verano pasado fueron unos pinchazos en las discotecas y este un descuartizamiento en Tailandia. Vamos mejorando.

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