"El cuarto voto"

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José María Romera

Actualizado el 23/07/2023 a las 16:55

También en las maneras de votar hay un camino de perfección, que se inicia cuando en la juventud acudes por primera vez a las urnas y depositas tu papeleta guiado por ideales, aunque no alcances a distinguir entre los que son puros y los que consisten en doctrinas de catecismo. Es un voto cuajado de fe que se ejerce con el entusiasmo propio de los estrenos y la convicción romántica de las primeras creencias. Con el paso de los años aparece una segunda forma de votar en la que se impone el espíritu de grupo, ya sea el partido, la tribu, la parroquia o la clase social, que también engendran intensas pasiones. Es este un voto muy consistente al que se suele profesar una lealtad superior a cualquier criterio moral o racional. Se le reconoce cuando un buen día te descubres buscando consejo en tu emisora de cabecera, insultando a los rivales y tarareando los eslóganes de campaña de los tuyos en el trayecto al colegio electoral. Puede que te instales en esta fase para el resto de tu vida, pero es posible también que decidas crecer y decidir por cuenta propia, en cuyo caso es fácil que sucumbas a la tentación del desencanto, que en unos casos conduce a la abstención y en otros al voto egoísta que solo mira al propio interés. No siempre este tercer voto es un voto cínico. Hay ocasiones en que se presenta como la única salida para el ciudadano fatigado que, perdida la confianza en el juego político, ansía recobrar su independencia y se aferra al "yo, a lo mío" como tabla de salvación. A lo largo de esas tres etapas el votante ha ido ejerciendo su derecho por diferentes motivos, todos ellos legítimos, desde los grandes valores hasta su propio bolsillo y desde él mismo hasta la humanidad entera. Pero hay una cuarta fase del voto que es donde este adquiere su sentido más digno: cuando se vota por los nietos. Ya no es preciso que te rompas la cabeza pensando a quiénes puedes beneficiar o perjudicar, ni si eres fiel a tus principios, ni si actúas con responsabilidad y altura de miras, ni si decides conforme a la razón o te dejas llevar por las emociones. Esas elecciones en las que escojas la papeleta pensando en tus nietos habrás alcanzado la plenitud ciudadana.

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