“Izquierda” española y nacionalismo vasco

Publicado el 20/07/2023 a las 06:00
El socialismo vizcaíno, liderado por el toledano Facundo Perezagua hasta 1910, integrado mayoritariamente por obreros inmigrantes desde otras tierras de España, se mostró radicalmente contra la política llevada a cabo por el PNV, caracterizado entonces por su catolicismo integrista y sobre todo por su separatismo xenófobo, al igual que contra cualquier especificidad política vasca.
“Las provincias vascongadas -escribían en su periódico La lucha de clases, en septiembre de 1899- son españolas desde siempre e incluso dentro de la comunidad nacional gozaron de situación privilegiada. Ni el idioma vasco, en regresión manifiesta, ni su folklore, condenado a la uniformidad, ofrecen un asidero para pretender un hecho diferencial con vocación política”.
Algunos socialistas vascos como Miguel de Unamuno, durante un breve tiempo, Tomás Meabe o Felipe Carretero, conocían bien la cultura vasca, pero pensaban, como la mayoría de los republicanos bilbaínos, que debía desaparecer en nombre del progreso.
Andando los años, en la villa fabril de Eibar y en algunas localidades de Guipúzcoa, con pequeña o media industria y con mucha menor inmigración, socialistas autóctonos y vascoparlantes, José Madinabeitia o Toribio Echeverría entre otros, como ya lo expliqué en otro de mis artículos, siguiendo el ejemplo de varios socialistas y comunistas europeos, fueron más sensibles a la llamada “cuestión nacional”: afirmaron la existencia de la nación vasca, aunque no de una cultura vasca, y defendieron un Estatuto de Autonomía y hasta un Estado Vasco dentro de un Estado Federal Ibérico.
Al mismo tiempo, el PSOE nacional, en su XI Congreso de 1918, influido por los teóricos socialistas austríacos, alemanes y rusos, defendía la “Confederación Republicana de las Nacionalidades Ibéricas, reconocidas a medida de que vayan demostrando indudablemente un desarrollo suficiente…”. Pronto quedó eso en agua de cerrajas, llegando, sobre todo en Cataluña, a defender un vago federalismo, herencia del republicano Pi y Margall.
A la hora de redactar la Constitución republicana de 1931, el mismo PSOE, que gozaba de una mayoría relativa, se olvidó de cualquier confederación y aun de federación alguna, y optó por un Estado llamado “integral”, abierto a las regiones que optaran por sus Estatutos de Autonomía según el grado comprobado de sus aspiraciones.
Durante la República, el socialismo vasco, liderado por el periodista asturiano Indalecio Prieto, bien afincado en Bilbao y ministro, apoyó con mayor o menor entusiasmo, un Estatuto Vasco, constitucional y laico. Aprobado en junio de 1936, tras muchas peripecias, por una Comisión constitucional presidida por él, y, el 1 de octubre, por las Cortes republicanas, logró en esa última etapa arañar en su favor el monopolio estatutista del PNV, el partido que, contra viento y marea, hizo siempre de él objetivo principal de su política.
El Partido Comunista de España, escisión del PSOE en 1921, que siempre se proclamó no nacionalista ni separatista, siguió al pie de la letra la doctrina leninista de la autodeterminación de los pueblos, como instrumento no de división, sino de unión voluntaria entre ellos, cuando conviniera al partido. Así lo defendió en el primer Congreso de la Federación Vasco-Navarra de 1932; a todas horas desde el periódico Euskadi Roja, fundado en San Sebastián en 1933, y también en 1935, una vez convertido en Partido Comunista de Euskadi. Tras una ruda campaña contra las primeras versiones del Estatuto, apodado Estatuto de la Contrarrevolución, como pacto entre los dirigentes del nacionalismo vasco burgués y el imperialismo español, acabaron por reconocerlo, a pesar de sus deficiencias, como un avance de los derechos democráticos de Euskadi.
El comunista troskista catalán Andreu Nin, líder de Izquierda Comunista de España (ICE), firme defensor de la autodeterminación de Cataluña, pero opuesto a la opción separatista, se oponía en 1932 al nacionalismo vasco, que era para él “todo lo que de atrasado y retrógrado existe en España y se convierte en baluarte de la reacción”, juicio que parcialmente suavizó años después. Los partidos troskistas, ICE, BOC y POUM propugnaron siempre la Unión Ibérica de Repúblicas Socialistas.
Tras la aprobación de la Constitución de 1978, todas las declaraciones de los parlamentos vasco y catalán por el falso derecho de autodeterminación han tenido el voto y el apoyo de toda la “izquierda”, a la izquierda del PSOE. Los socialistas vascos, parte del Gobierno Vasco desde 1936, han co-gobernado después durante varias legislaturas con el PNV hegemónico en Euskadi. Y los socialistas navarros, en la pasada y actual legislatura, con una coalición nacionalista vasca, de la que forma parte el PNV, contando con el apoyo de Sortu-Bildu, partido-coalición heredero de ETA-HB, en todas las principales decisiones. Mientras este va devorando poco a poco y hábilmente todo lo que se llama “izquierda” en Navarra y en el País Vasco.
Víctor Manuel Arbeloa Escritor