Cartas de los lectores

Contra las silletas en las procesiones de San Fermín

Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera
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Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera
Una mujer empuja una silleta de bebé y su sombra se proyecta en la fachada de la pared de una bajera

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José Martín Alustiza Madinabeitia

Publicado el 03/07/2023 a las 07:17

No sé si será porque no soy PTV, aunque llevo 55 años en Pamplona y en la que he tenido tres hijos y tres nietos, pero nunca he sentido la necesidad de acudir a las procesiones de San Fermín (vísperas, San Fermín y la octava) llevando en silleta de ruedas a mis hijos y nietos cuando estos eran pequeños.

No solamente no he sentido esa necesidad, sino que la he rechazado por su seguridad. No me parecía responsable someter a los niños a la tortura de verse rodeados, casi asfixiados, sin otro horizonte que un bosque de piernas y culos, en unos eventos con una gran afluencia de gente, y qué , aunque a los papas y abuelos les produzca gran ilusión por seguir con la tradición, ellos, los peques, aún no se enteran de la fiesta, están agobiados, e incluso en peligro de ser pisoteados en una posible estampida provocada por cualquier causa imprevista. Aunque los padres carguen con los infantes sobre los hombros, las silletas ahí quedan entorpeciendo la marcha de los adultos en los cortejos. Por ello y por no someterlos a los riesgos citados, es por lo que no sentí la emoción de introducirlos prematuramente en las tradiciones. Tiempo han tenido cuando se han hecho mayores de sumarse a los festejos “sanfermineros”, y ya lo creo que lo han hecho, el hijo mediano corrió su primer encierro, sin mi permiso, a los 16 años y no me enteré hasta que salió en la portada del programa de fiestas del año siguiente, último año que participó tras sufrir un percance, lo que no le impidió que continuara con las “tradicionales juergas nocturnas hasta el amanecer”.

Incluso en los actos programados especialmente para los niños, como son la comparsa de Gigantes y Cabezudos, tampoco me parece apropiado llevarlos en silletas, hasta que no tengan una determinada edad, de entre los 3 ó 4 años, en la ya corretean libremente provocando a los “kilikis”, por los mismos motivos expuestos para las procesiones, ampliado por el miedo que aún les producen los cabezudos.

Me parecería oportuno incluir en el Bando Municipal de la Concejalía de Seguridad Ciudadana, la prohibición de la asistencia a los festejos multitudinarios mencionados con niños en silletas.

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