"El segundo partido municipal de Navarra es el de la abstención, señal de que muchas listas locales, especialmente las únicas, no convencen"

Publicado el 22/05/2023 a las 06:00
Ni puedo ni quiero, ni nunca lo he querido, ni siquiera sugerir el voto a nadie. Pero sí reflexionar un rato sobre el voto democrático ejercido democráticamente.
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¿Es un voto democrático el de aquel que vota por pura inercia, sin que le importe un rábano lo que haya hecho o dicho, o dejado de hacer o de decir durante la anterior legislatura su partido favorito; ni lo que diga ahora su programa; y hasta ni siquiera quiénes sean los que van en la lista?
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Y a que otros u otras le digan o le manden a uno o a una lo que tiene que votar, o le metan en el sobre la papeleta, ¿cómo lo llamaremos?
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Y al paso que vamos, ¿llegará el día en que el partido del Gobierno de turno anunciará una cantidad respetable de euros a quien diga o escriba en público que le va a votar, ese año, en las elecciones generales o autonómicas?
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Cuando se vota en una situación de bloques políticos, como es nuestro caso, donde los Gobiernos de cualquier grado se forman entre varios partidos, hay que tener muy presente, que votando a tal o cual sigla, se vota indirectamente a veces a otras muy distintas, pero que van a gobernar muy probablemente, o seguramente, con aquellas.
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Por eso cometieron, al menos, un grave error de imprudencia los partidos políticos PSN, Geroa Bai y Podemos, socios del actual Gobierno de Navarra, que, respaldados por EH Bildu e I-E (aunque estos dos pensaran que no era ese el momento), presentaron conjuntamente una iniciativa en el Parlamento de Navarra, el día 11 de noviembre de 2022, tras el Debate del estado de la Comunidad. En ella manifestaban su “voluntad de que el próximo Gobierno de Navarra se conforme en base a la pluralidad existente en nuestra Comunidad y sea un Gobierno progresista, social, feminista, ecologista y europeísta…”. Es decir, el suyo actual, respaldado por Bildu e I-E. ¿Quién podrá decir ahora que el voto para uno de ellos no es un voto dado a todos sus socios, a fin de volver a rehacer el mismo Gobierno formado hace cuatro años?
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A quien nos mintió una vez o varias veces, y nos dijo que no gobernaría ni pactaría jamás con X ó X, y luego gobernó o pactó con ellos, y hasta está dispuesto a repetirlo, ¿le volveremos a votar; es decir, a darle nuestra confianza?
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¿Cómo pudieron votar, el pasado febrero, dos partidos políticos en el Congreso de los Diputados contra el Convenio de Navarra, sabiendo que, tres meses más tarde, habría elecciones forales en nuestra Comunidad?
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Y, si el elector sabe que, según todas las encuestas, su partido favorito no va a conseguir un solo representante, ¿por qué tirar el voto a la basura? ¿No será mejor votar a otro, más o menos parecido, o, quizás votar en blanco?
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El voto en blanco es, sobre todo y casi siempre, un voto de protesta. Un voto negro. Pero mucho más útil de lo que parece. Y, desde luego, mil veces más útil que la abstención. Una urna llena de votos blancos ilegitima a los que se presentan. Será difícil que con solos votos blancos se derroten o se cambien Gobiernos, pero se denuncian anormalidades e injusticias y se expresan democráticamente ciudadanos civilizados.
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Sabemos, en fin, que el segundo partido municipal de Navarra es el de la abstención. Señal de que muchas listas locales, especialmente las únicas, no convencen y menos entusiasman a la gente. ¿Solo ETA es culpable, al decir de algunos, de tal abstención? De verdad, ¿nadie más?
Víctor Manuel Arbeloa Escritor