"Flamini ha pasado quinientos días recluida en una cueva granadina, guiada por un propósito entre científico y deportivo"

Publicado el 15/04/2023 a las 06:00
Dijo Nietzsche que la calidad de un ser humano se mide por la cantidad de soledad que es capaz de soportar. Según ese baremo, Beatriz Flamini vale un potosí. Flamini ha pasado quinientos días recluida en una cueva granadina, guiada por un propósito entre científico y deportivo. Por una parte su retiro ha aportado información de primer orden a biólogos, psicólogos, antropólogos y estudiosos de los ritmos circadianos. Por otra, ha batido el récord mundial de permanencia bajo tierra. El récord de la era moderna, aclaremos, porque el histórico debe de estar en manos de san Jerónimo; y el de aislamiento voluntario, añadamos, porque el forzoso -532 días con sus noches- seguirá ostentándolo José Antonio Ortega Lara mientras la batalla por el relato no transforme su secuestro en una inocente práctica de espeleología. Sin embargo no reside ahí el verdadero mérito de Flamini, quien al abandonar su aislamiento ha declarado que allá dentro estaba tan ricamente y que de hecho le daba cierta pereza salir de la cueva. No es la suya una historia de superación ni un ejemplo de resiliencia como intenta vender la prensa homérica. La lección de Flamini es otra: haber ido contracorriente en un tiempo donde el ideal de vida tiene que ver con la hiperconexión y la pertenencia activa a grandes grupos humanos. Por aquí cerca, los mismos medios que destacaban la hazaña daban cuenta de los preparativos de la expedición masiva de miles de aficionados a un partido de fútbol que se disputará a casi mil kilómetros de distancia. Con la perspicacia natural de su gremio, mi peluquero me ha sacado del asombro. Sostiene que la mayoría no viaja por el fútbol, sino por la compañía; no por la Copa, sino por las copas. Mientras unos pocos buscan la soledad, otros muchos huyen de ella y no desaprovechan las ocasiones que se les presentan para fundirse con la muchedumbre. Aparte de eso, la rareza de Beatriz Flamini es que se haya podido sustraer a otro mito sagrado de nuestros días, el del ansia de consumo de actualidad. Nos cuesta entender que alguien se pierda acontecimientos como la guerra de Ucrania, la muerte de Isabel II, el desembarco de GPT-3 o la performance de Tamames. Pase alejarse del mundanal ruido de vez en cuando, pero jamás sin Twitter. Es lo que habría dicho Nietzsche hoy, supongo.