"Murió Maria Kodama, viuda de Borges"

Publicado el 03/04/2023 a las 06:00
Murió Maria Kodama, viuda de Borges y busqué Los conjurados, el último libro del maestro, que está dedicado a ella. Es un libro breve pero que contiene quizás todos los libros. No hace falta más. Borges lo escribió en Ginebra, una de sus patrias, dice, poco antes de morir, y tiene la intensa concisión de quien se ciñe ya a lo esencial. Está en él la convicción de que la belleza, como la felicidad, son frecuentes y que no pasa un día sin que estemos, un instante, en el paraíso. Está el sueño, el alba, el olvido y la memoria. El poema que da título al libro habla de aquellos hombres de los cantones suizos que profesan diversas religiones y hablan diversos idiomas, pero que en el pasado tomaron la extraña resolución de ser razonables, olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades, todavía el mejor programa para este mundo. En ese centro de Europa, dice, crece una torre de razón y de firme fe. Borges se casó con Kodama también poco antes de morir. Ella era mucho más joven que él, y fue la heredera y depositaria de su obra, lo que le ha ganado muchos enemigos. Cuando se conocieron Borges le propuso estudiar juntos la antigua literatura anglosajona, lo que debía equivaler a una declaración de amor. Ser viuda de un gran escritor o artista no es fácil. En parte por la tendencia de estos genios, sobrados de halagos, a terminar sus años junto a una mujer mucho más joven, orillando a la anterior, que les había acompañado durante los años duros, mientras es la nueva quien se hace al final con todo. Es hacer de mala. Los casos de Cela o de Alberti me vienen a la cabeza. El caso de Kodama es distinto, pero muchos la veían como una advenediza. Con su testimonio sabemos del rigor con que escribía Borges, de su sencillez y su buen humor. Es extraño que el prestigio e influencia de Borges permanezcan a pesar de los años y a pesar de ser un hombre tímido y conservador que vivió siempre entre libros, junto a su madre, que jamás escribió una novela ni persiguió el éxito, ese farsante. El olvido, que puede con todo, no termina de alcanzarlo.