Tuvo un desengaño amoroso que lo sumió en un profundo abatimiento

Publicado el 27/03/2023 a las 06:00
Paré en la terraza de un bar de pueblo, a espaldas de Gredos, donde la primavera era una luminosa primicia y, mientras se tomaba su segundo cortado, aquel hombre joven y flaco que se había sentado a mi lado me contó que venía de meditar de un centro budista cercano, donde daban muy mal café, por lo que se estaba desquitando. Debía ser un apego del que no se había podido liberar. Charlamos un rato y enseguida, quizás por esa libertad que da hablar con un extraño que no volveremos a ver, se lanzó a hablar de sí mismo. Había comenzado a meditar hacía dos años, me contó; en realidad había empezado a hacer muchas cosas entonces, pues tuvo un desengaño amoroso que lo sumió en un profundo abatimiento. Todo había perdido su sabor, nada le interesaba, y sentía miedo de esas oleadas de tristeza que le invadían y le cortaban el aliento. Pensaba que nunca podría superarlo y que iba a volverse loco. Obsesivo, analizaba minuciosamente el pasado, y había llegado a convencerse de que todo era culpa suya. Perder un amor, sobre todo cuando su fin no ha transitado por las palabras, cuando es un corte abrupto, es un pasaje muy doloroso, pero él, de pronto, sacó fuerzas de flaqueza, se negó a seguir el camino de la autocompasión, y comenzó a hacer cosas que siempre había deseado, como si no tuviera nada que perder. Además de meditar en silencio, se movió: recorrió el camino a Santiago francés, cambió de casa, dio un giro a su trabajo. Desde que aquella mujer le abandonó, me dijo, su vida se había ido llenando de cosas buenas que no esperaba. Hasta parecía algo triste al decirlo, como si añorara el antiguo dolor, pues el dolor puede ser también una adicción, como el café. Todo era, me dijo, una gran paradoja. Es como si de lo malo hubiera surgido algo bueno, como si todo fuera una oportunidad. Todo lo que nos ocurre es perfecto, dijo, pues nos da la oportunidad de transformarlo. No hay malo ni bueno. Todo es una rueda. Cumple con lo que te depare la vida, y sigue tu propio camino, me dejó como despedida.