"En nombre de la llamada corrección política que nos invade, una editorial inglesa ha pretendido cambiar los libros de Roahl Dahl"

Publicado el 05/03/2023 a las 16:26
En nombre de la llamada corrección política que nos invade, donde cualquier cosa puede molestar a alguien, una editorial inglesa ha pretendido cambiar los libros de Roahl Dahl -el de Matilda, La casa de chocolate y tantos otros- para adaptarlos al mojigato canon actual, al gusto de este siglo XXI que ya alguno ha llamado el siglo de la estupidez. Desaparece la palabra gorda por ejemplo, y padre y madre se cambian por progenitores. En realidad no solo Dahl sino cualquier cuento infantil tradicional -ese tesoro- debería ser prohibido, pues están llenos de incorrecciones, sexismo, enanos, brujas y crueldad. Los nuevos moralistas tienen aquí un filón. De momento ya tenemos la censura sobre las películas del agente 007, que se quieren cancelar. La llamada cultura woke considera a cualquier hombre blanco y cisgenero como sospechoso que debe pedir perdón y que no tiene derecho a hablar. Es la única minoría muda. Pero la buena noticia es que la reacción de muchos escritores y lectores ha impedido los cambios en los cuentos de Dahl, y la editorial, eso sí, conservará la edición original junto a la corregida. Puede que a partir de ahora esto sea la norma, y que en la versión 2 Caperucita se amigue con el lobo, y las princesas rechacen al príncipe azul. Esta reacción es algo nuevo, y responde a que mucha gente teme ser cancelada, es decir, tratada como delincuente por no utilizar determinado idioma o no someterse a lo correcto. Hasta ahora no era la censura, sino la autocensura lo que funcionaba, pues estas corrientes woke son muy influyentes y plantean una implacable batalla cultural. Pero ya se escucha más a médicos, profesionales psi, etc. alarmados ante las leyes trans, por jemplo, donde cualquier crítica conllevaba ser señalado. La propia sociedad percibe esta corrección política llena de identidades ofendidas y lenguje artificial como algo loco e hipócrita, donde es difícil no tomar nota, por ejemplo, de que hay quien vota por la mañana muy digno contra la prostitución, para ir en comandita por la tarde al puticlub.