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"No sé si triunfaré, pero igual hasta le gano un set a mi vida"

Avatar del Luis Arbea Luis Arbea19/01/2023
¿Conocemos a alguien al que no le gustaría triunfar en la vida? Seguro que no. Todo el mundo sin distinción de edad, raza, ideología, sexo o condición social desea (deseamos) tener prestigio, destacar, sentirnos importantes, triunfar… cosas del ego. Unanimidad absoluta. Otra cosa bien distinta sería si intentáramos llegar a un acuerdo sobre qué entendemos por ello. Para algunos se trataría de lograr el máximo patrimonio económico y para otros el mayor reconocimiento público. El poder sería el sueño dorado de los más maquiavélicos mientras que las almas más sencillas se conformarían con el simple (o no tan simple) disfrutar del trabajo y de la familia. Otros más sofisticados apuntarían a una vida digna y con sentido y tal vez a los más románticos les bastaría con sentirse queridos… Y así, una infinidad de aspiraciones (algunas más respetables que otras, todas comprensibles), tantas como personas. Está claro que esto de tener éxito en la vida es algo totalmente subjetivo, personal y que cada uno tenemos bien definidas nuestras metas particulares, aunque yo que en este año en un arranque de fogoso voluntarismo me lo había propuesto, ando totalmente indeciso y bloqueado sin saber hacia dónde dirigir mis pasos ni qué hacer al respecto. Normal, si no sé a dónde, cómo voy a saber por dónde. Pues sí, me encuentro tan perdido que me entran unas ganas terribles de mandar al garete tan honorable empeño.
Pero no, de vez en cuando se me enciende la bombilla y encuentro la luz que me saca del atolladero. Me he percatado que en todos los diferentes puntos de vista subyace una misma necesidad, la que todos buscamos: la satisfacción personal, sentirnos plenos, la felicidad. ¡Ya está!, ese es mi camino. Y me he quedado tan ancho, como si hubiera descubierto el Pacífico… y es que esa búsqueda del placer, del bienestar tanto material como espiritual no es precisamente una demanda muy novedosa: la experimentamos desde que nacemos, debe estar escrita en nuestros genes. ¡Vaya descubrimiento!, para ese viaje no necesitábamos estas alforjas. Algo le debe fallar a esa bombilla, o es de muy pocos vatios o está medio fundida. Pero a pesar de su poca originalidad, esta pulsión de satisfacción, triunfo y superación (tal vez se trate de un simple mecanismo de compensación de nuestras propias carencias) merece la pena porque nos lleva a mirar hacia delante y, de alguna manera, a reconciliarnos con nosotros mismos. Que sí, que es buena cosa.
De ahí que me he vuelto a animar y he retomado mi proyecto, sin olvidar que somos nosotros quienes poseemos el secreto de nuestra propia felicidad, de tal manera que triunfar en la vida no sería otra cosa que triunfar en mi vida, algo que, aunque obvio, me aporta un par de ideas muy interesantes para arrancar y desarrollar mi propósito. Por un lado, me va a exigir el mejor conocimiento de mí mismo para saber quién soy y lo que en esencia quiero y busco (no iba desencaminado el oráculo de Delfos); y por otro, que esa felicidad que tanto ansío va a depender fundamentalmente de lo mejor que juegue las cartas que me han tocado en mi particular partida existencial en la que, a veces se nos olvida, tenemos más ases en la manga de lo que creemos. Y en base a ello y como los milagros no están a mi alcance, voy a empezar por algo como muy sencillo y que depende exclusivamente de mí: ser un poco más coherente (soy un cínico tramposo) y, además, otro poco más solidario (yo, yo, yo, es mi mantra preferido) y a ver qué pasa. No sé si triunfaré, pero igual hasta le gano un set a mi vida.
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