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Lamentan que la clientela solo se tome dos birras

Hicieron público los hosteleros locales su balance navideño, que les salió positivo pero con reparos. Aunque según ellos “las sensaciones son buenas” -nótese que hostelería y deporte comparten fórmulas expresivas: el lenguaje de los triunfadores-, los portavoces del gremio lamentan que la clientela solo se tome dos birras donde antes caían tres, que haya declinado el vermú y que el poteo ya no sea lo que era en tiempos prepandémicos. Olvidaron comentar lo de los cafés a precios abusivos y las infusiones que llegan a la mesa con sobrecarga de plusvalía. Pobres. En los últimos tiempos el discurso reivindicativo de la hostelería se mueve entre la exhibición de músculo, el lloriqueo y la llamada a la compasión, algo parecido a esos clubes de fútbol ultramillonarios a los que hay que acompañar en el sentimiento si descienden sus ingresos. La travesía del desierto que padecieron los bares durante los confinamientos y las restricciones les aportó un capital emotivo y un crédito moral superior al de otras ramas del comercio. Y la población les correspondió con su tolerancia hacia ciertos excesos, tales como los ruidos nocturnos en zonas saturadas, las invasiones descontroladas de un espacio público ocupado por las benditas terrazas o la transformación de los centros históricos en abrevaderos festivos. Pero se ve que los hosteleros nos piden ir más allá de la simpatía. Vale que apelen a nuestro sentimiento, que es parcela sensible a los embustes, pero se hace algo raro que invoquen poco menos que nuestra responsabilidad ciudadana. Bares, pubs, cafés, cervecerías y restaurantes son solo prestadores de servicios, no benefactores con rango de oenegés. Una cosa es que el consumidor desee que les vaya bien y otra diferente que deba asumir como propias las cuitas y quebrantos de un sector sobrevalorado. Por muy dependiente del turismo que sea un país, el estado de su hostelería no es una cuestión de estado. Más lo son otros problemas, como por ejemplo el consumo de bebida entre la juventud. Según un reciente estudio del Ministerio de Sanidad, los jóvenes navarros son los más precoces de España en el acceso al alcohol y otras drogas. No sería mala idea que, después de hacer caja, la hostelería se preguntara si tiene o no algo que decir sobre este fenómeno.
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