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"Es una moda anti humanista y una forma de hacer de los animales una quimera que los desnaturaliza"

Avatar del Pedro Charro Pedro Charro08/01/2023
Frente a la fila de padres con sus niños que, en la atestada plaza del Castillo, esperaban pacientemente esta víspera de reyes su turno para montar en los camellos reales, se apostó un minúsculo grupo de activistas con la consigna “los dromedarios no son voluntarios” denunciando el maltrato de estos animales. No era el primer día que yo me cruzaba con estos grandes rumiantes, los había visto ya en la calle Zapatería, bajo la sorprendida mirada de los niños, y yo diría que estos animales imperturbables, si no eran voluntarios, no se les veía muy forzados. Ni siquiera se inmutaron, sin dejar de masticar, cuando pasé junto a ellos. No sé si eran dromedarios o camellos, no les conté las gibas. Vivimos una ofensiva anti navideña, una especie de sorda campaña para cancelar cualquier herencia cultural cristiana, que a algunos les da mucha rabia, aunque no sé muy bien cual prefirieren, por cual deberíamos sustituirla, y el animalismo que se extiende tiene que ver con esto, pues ver al hombre como un animal más, sin un valor superior ni una especial dignidad, que es el quicio de la cuestión, hace que no tenga derecho a domesticar un dromedario ni a comerse un pavo -aunque el comerse es norma entre los animales- y a la postre llevará a que sea el hombre el tratado como un animal. Es una moda anti humanista y una forma de hacer de los animales una quimera que los desnaturaliza, pues nunca un dromedario puede ser voluntario a algo, decidir sobre su futuro, ni firmar un contrato de trabajo, aunque eso no quiere decir que podamos hacer cualquier cosa con ellos. Es odioso abandonar a los galgos, apalear a los burros, todo eso nos degrada a nosotros mismos, pero hacer que los niños monten en dromedarios es acercarlos a un ser vivo, a la naturaleza, alejarlos por un momento del móvil, y prohibirlo sí que es una crueldad. Recuerdo que lo que más chocó a una mujer africana al llegar aquí fue ver tan pocos niños y tantos perros con abrigo. Es un resumen de este mundo nuestro que a veces, insatisfecho y autocritico, parece haber perdido la razón.
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