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"Desde siempre ha habido una obsesión por los cómputos, los calendarios, la cuenta de los años"

Avatar del Pedro Charro Pedro Charro02/01/2023
Como siempre, el fin de año ha transcurrido con gran jolgorio, como si en el hecho de caer una hoja del calendario nos fuera la vida, siempre dispuestos a conmemorar fechas señaladas, sea la mágica Navidad, que conmemora un nacimiento que no parece que ocurriera ese día, como el fin de año, una fiesta eminentemente laica, que parece indiscutible, pero a la que también se le puede poner sus peros. En realidad, cada año astronómico cuenta con 365 días y 6 horas, que es lo que le cuesta a la tierra dar su acostumbrada vuelta al sol, así que, en realidad, el fin de año será 6 horas después de la medianoche del 31 de diciembre, y añadirá 6 más cada año, salvo en los bisiestos, que ya han añadido un día. Todo lo que se refiere al calendario, los solsticios y equinoccios, la deriva de la tierra y su eje, las estaciones, el implacable tic tac del reloj, el tiempo que nos roe, resulta esencial en nuestra vida y quizás nos gobierne. Desde siempre ha habido una obsesión por los cómputos, los calendarios, la cuenta de los años, sean solares o lunares y todavía hay culturas que cuentan de otra forma. En Corea del Sur, por ejemplo, hace poco han cambiado el sistema adaptándolo al internacional pues allí, quizá con buena lógica, se cumple un año el día del nacimiento y se añade un año más cada 1 de enero, lo que resulta muy cómodo. Todo el mundo cumple el mismo día, así que no tienen que felicitarse unos a otros, supongo, por algo que ocurre a todos y no singulariza a nadie, al revés que aquí. Quizás sea algo propio de la cultura oriental, donde el individuo no cuenta mucho y prima lo colectivo. Este café para todos debía ser la forma tradicional china de contar los años, que se va perdiendo. Tiene su intríngulis, pero conlleva efectos un poco extraños. Imaginemos, por ejemplo, a un niño coreano que nace el 31 de diciembre y según lo previsto ya tiene un año. Al día siguiente, 1 de enero, ya cumpliría otro, con lo que el tierno bebé ya tendría dos, y estaría en puertas de ir al colegio, lo que parece un poco prematuro, incluso en Corea.
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