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Navidad

Avatar del Pedro Charro Pedro Charro26/12/2022
Como cada año, pero por internet, he recibido felicitaciones de Navidad que agradezco muchísimo, y también otras llenas de prevención -no sea que se pueda tildar a su remitente, a menudo instituciones, de no ser suficientemente laico- en los que no se felicita la Navidad ni aparece nada relacionado con ella, sino algo neutro e impersonal, y se desea asépticamente un buen año. Esto no deja de ser una gran tontería, propia de esta época de tonterías, pues celebrar la Navidad, como no trabajar el domingo, o ponerse el pañuelo en sanfermines, no tiene que ser obligatoriamente una cuestión religiosa, sino que es un rasgo cultural profundo, antiguo, arraigado, herencia de los ciclos de la naturaleza, del decaer de los días y de un nuevo alumbramiento que el cristianismo -en cuyas categorías vivimos- rescata y hace sagrado. Es quizás la mayor fiesta que existe, cuando nada hay más peculiar y propio del hombre que la fiesta, ese tiempo que nos rescata de una vida gris y utilitaria, del día a día. Dar la espalda a esto es negar la realidad para someterla a los prejuicios. La Navidad como toda fiesta está hecha de excesos -incluidos los de buenas intenciones- que son obligados, no en vano este año Pamplona dicen que se ha quedado corta de luces. Como toda fiesta es repetitiva e inamovible, y ha de hacerse siempre lo mismo, so pena de confusión y escándalo. Es larga, así que tiene la ventaja de que respiramos por fin cuando termina. Es una excusa también para el consumo, como es sabido, pero que lleva dentro la sonrisa de un niño, la tregua en la guerra, la misteriosa potencia de lo pequeño. Pese a la escalada temible de los precios, es un gusto ver estos días en el mercado los mostradores de aves y pescado y ya está llegando la uva aleda de Vinalopó, dulce y de color dorado, la última uva que se vendimia en el país, y que se preserva en la viña cubierta con una bolsa de papel. Luego las mujeres de la zona la seleccionan y dejan bonita para que la comamos una a una en Nochevieja, como siempre, para despedir -esta vez sí- el año.
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