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Villancicos

La palabra villancico viene de villano. En su origen los villancicos eran composiciones de tema diverso cantadas por los habitantes de las villas para celebrar el amor, los cambios de estación, la llegada de un nuevo miembro a la familia, las faenas del campo o las fiestas de la localidad. Transmitidas oralmente de padres a hijos a lo largo de los siglos, con el paso del tiempo algunas de estas canciones fueron languideciendo hasta extinguirse por efecto de los cambios de costumbres, pero hubo un tipo de composición que ha sobrevivido con todo su esplendor hasta nuestros días. Hoy el villancico por excelencia es el que habla de pesebres, pastores, ángeles y niños nacidos entre una mula y un buey. Es decir, el navideño. Solo por eso habría que declarar a la Navidad celebración de interés cultural y tomar medidas para su protección. Un analista de la cultura muy despistado censuraba el otro día en la prensa el hecho de que en el Museo del Prado se hubiera instalado un belén, alegando que ofendía la sensibilidad de los fieles de otros credos. De prestar oídos a sus escrúpulos y extenderlos a las obras de arte habría que vaciar la mitad del museo. Belenes y villancicos forman un binomio simbólico y sentimental tan grabado en nuestro espíritu que resisten por encima de creencias e ideologías. Pero el villancico durará más, porque en las últimas décadas se ha vuelto musicalmente bastante hospitalario y permite que bajo su denominación se integren piezas variopintas sin que eso suponga corrupción alguna del género. Ahí caben desde las coplas de tradición popular cantadas al calor de la lumbre hasta las baladas de un crooner gangoso de Las Vegas, desde cantos corales con fondo de pandereta hasta oratorios de Bach, y desde un reguetón ratonero hasta los jingles de un anuncio publicitario de turrones, de loterías o de grandes almacenes. Solo han de cumplir dos requisitos: que vengan impregnados de aroma navideño y que al entonarlos despierten de alguna manera los mejores sentimientos de la gente. Villancico es lo que te remueve el corazón, sea el tipo de música que sea. No están los tiempos para despreciar las ocasiones de dicha. Ojalá que se les acumulen a ustedes en estos días. Feliz Navidad. 
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