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"¿Sirve de algo la historia de los fueros?"

"Un hecho fundamental: la capacidad de Navarra para adaptar su régimen jurídico a circunstancias y periodos diferentes, para lograr no sólo su supervivencia, sino también su desarrollo"

Avatar del undefined Luis Javier Fortún03/12/2022
Contemplando la historia de nuestra tierra en su conjunto, se puede decir que los fueros de Navarra son las leyes que han garantizado la existencia de Navarra como comunidad política diferenciada y han regido y rigen la organización de múltiples facetas de su vida institucional y social. Y esto ha sido así a lo largo de varias etapas que han definido y consolidado el concepto de fuero, a la vez que han permitido su asimilación por la sociedad navarra, hasta convertir a los fueros en un elemento clave de su identidad.
Hace más de 900 años, a finales del siglo XI y principios del XII, los reyes otorgaron los primeros fueros a comunidades de francos (Estella, Pamplona, Sangüesa, Puente la Reina…), que fueron dotadas de un estatuto jurídico privilegiado (basado en la libertad de las personas, la plena propiedad sobre las cosas y la protección de su actividad artesanal y comercial), que permitió su configuración como municipios autónomos. Entonces el concepto de “fuero” era tanto como norma de obligado cumplimiento, pero que era fruto de un pacto o de su aceptación por la comunidad que lo obtenía. Al promulgar un fuero, el rey autolimitaba su autoridad y la comunidad lo recibía como un beneficio que tenía derecho a disfrutar y, en su caso, exigir o defender. El análisis de los fueros locales, más allá de sus contenidos cambiantes, permite deducir que siempre en sus fundamentos se encuentran las ideas de pacto, limitación del poder y garantía de ciertos derechos y libertades. Por eso todas las comunidades de Navarra, urbanas o rurales, exigieron el término “fuero” para regular su estatuto jurídico.
A lo largo del siglo XIII se articularon las Cortes como institución representativa de la sociedad navarra y se autodefinieron como “el Reino” frente al Rey. La identificación de fuero con pacto se reforzó. Se gestó un régimen pactista, plasmado en el juramento que el Rey prestaba al iniciar su reinado, en el que se comprometía a respetar los fueros y privilegios que cada grupo y sus miembros tenían en concreto. Los fueros seguían siendo diferentes en cada caso, pero las Cortes se constituyeron en instrumento conjunto de su defensa. Paralelamente, en los siglos XIII y XIV se produjeron normas de carácter general, aplicadas por los tribunales reales a todo el Reino. Surgió el concepto de ”derecho de Navarra”, plasmado en el Fuero General de Navarra y aceptado como elemento que garantizaba unos derechos a la comunidad política navarra y reforzaba su cohesión.
La conquista de Navarra y su incorporación a la Corona de Castilla (1512-1515) no supuso la extinción de su Derecho o la disolución de sus instituciones. Se basó más bien en el compromiso pactado de respeto a uno y otras, y permitió el desarrollo de ambas. La consideración de la pérdida de la independencia política como una tragedia ha escondido un hecho fundamental de la historia navarra: la capacidad de Navarra para adaptar su régimen jurídico a circunstancias y periodos diferentes, para lograr no sólo su supervivencia, sino también su desarrollo. Se mantuvo el régimen pactista, sustentado en el juramento mutuo entre el Rey y el Reino. Además, instituciones de Navarra que hoy consideramos fundamentales se reforzaron o nacieron entre los siglos XVI y XVIII. Las Cortes dejaron de ser meras impulsoras o censoras de las leyes y se convirtieron en un verdadero poder legislativo. En 1576 nació con carácter estable y definitivo la Diputación de Navarra. En 1686 la edición del Fuero General permitió acuñar el término “fueros de Navarra”, desde entonces marca definitoria de Navarra y su régimen, que contribuyó a su supervivencia y generalizó su interiorización por los navarros.
La adaptación de Navarra al régimen liberal se produjo mediante un pacto político que quedó plasmado en la Ley de 1841. La uniformidad que, en parte, se produjo con el resto de España, se hizo a cambio de importantes peculiaridades administrativas y fiscales que garantizaron la conservación de Navarra como comunidad política diferenciada. Y algo similar se produjo a raíz de la Constitución Española de 1978, que condujo al Amejoramiento de 1982. En ambos procesos se mantuvieron dos notas esenciales del régimen foral: la idea de pacto, ahora entre Navarra y el Estado, heredero de la soberanía que antes pertenecía al Rey, y la consideración de los fueros como instrumento imprescindible para garantizar el mantenimiento de Navarra como comunidad política diferenciada.
Me parece evidente que contemplar la historia de los fueros de Navarra sirve para algo: entender lo que somos y mantener los principios que han definido nuestro régimen político y nuestra identidad, más allá de las circunstancias cambiantes de cada etapa histórica.
Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza Doctor en Historia. Miembro correspondiente por Navarra en la Real Academia de la Historia
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