Qué ignorancia y que manía persecutoria quitarle ahora a Huarte una medalla

Publicado el 14/11/2022 a las 06:00
Entrados los años 60, escribió Julián Marías, la España real había desbordado a la oficial y existía ya una pujante vida intelectual. Muchos de los escritores anteriores a la guerra seguían publicando: Baroja, Ortega, Marañón, Zubiri; nuevos aires llegaban a la historia, la sociología y el pensamiento y la renovación cultural aportaba nombres como Cela, Laforet, Delibes, Aldecoa, Caro Baroja, el propio Marías, por no hablar, en otros ámbitos, de Saenz de Oiza y Oteiza, de Cristóbal Halffter, Luis de Pablo, Berlanga, Tapies o Chillida que brillaban en lo suyo. Ninguno de estos nombres puede verse oscurecido por haber trabajado y creado durante el franquismo. Fue una suerte que lo hicieran. En los 60 terminaba la posguerra y comenzaba otra cosa. Para el filósofo Aranguren, que provenía del régimen, como muchos intelectuales que se distanciaron de él, era un triunfo tardío de los vencidos que se imponían a un régimen anquilosado y a la defensiva. Entre 1960-70 el país cambió de arriba a abajo. Ullastres, Fuentes Quintana, Luis Ángel Rojo y otros economistas tenían puestos en la Administración, la economía crecía sin parar, el trabajo se concentraba ya en la industria y los servicios y la gente había dejado el campo para emigrar a la ciudad, concentrándose en grandes núcleos como Madrid, Cataluña y el País Vasco. Fue en ese momento cuando se definió lo que iba a ser España en adelante. La prosperidad y el desarrollo se concentró en ciertos lugares, frente a otras zonas que quedaron al margen, languideciendo, apeadas del futuro. Lo que hubiera pasado aquí de no existir alguien como Huarte, que pagó de su bolsillo un plan de industrialización y lo llevó luego a cabo, no sin la oposición de quienes querían mantener a Navarra alejada de los peligros de la industrialización, y que siguiera como siempre. Un bello lugar del que salir corriendo a buscarse la vida. Qué ignorancia y que manía persecutoria quitarle ahora a Huarte una medalla. Es como quitársela al deseo de cambio y al progreso, y enterrar lo que hemos sido.